Revista Todo
amano¿Cuántas veces habremos oído esta frase?

Esta cita latina proviene de uno de los poemas satíricos escritos por el autor romano Décimo Junio Juvenal, entre los siglos I y II d.C.

Las Sátiras de Juvenal nos muestran cómo la civilización de la Grecia Clásica estaba muy implicada en la práctica del deporte como parte de un estilo de vida sano.

Aunque realmente en esta cita lo de “Mens Sana” se refería más al terreno religioso, es decir, la necesidad de rezar para conseguir un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado, hoy en día esta frase se utiliza para mostrar los beneficios de una mente y un cuerpo sanos.

Sabemos qué tenemos que hacer para conseguir el “Corpore Sano”, realizar ejercicio físico con regularidad, mantener una dieta equilibrada sin excesos de grasas y azúcares, eliminar de nuestra vida hábitos perjudiciales como fumar o beber alcohol en exceso.

En estos últimos años han proliferado los gimnasios, con multitud de clases llenas de personas desmelenadas a rumbo de zumba, “bodycombat”, “bodypump”, “crossfit”…y también vemos como han aumentado los adeptos al ciclismo, senderismo, running… Sin duda, que la gente intente tener un estilo de vida saludable es lógicamente muy positivo y mejora nuestra calidad de vida. Además en cuanto sentimos un malestar físico, dolor estomacal, dolor de cabeza…acudimos rápidamente al doctor, también buena señal de un estilo de vida preocupado por la salud y el bienestar físico.

Pero, llegados a este punto, ¿y la “Mens Sana”?, ¿cómo podemos alcanzar una mente sana?
Durante muchos años, la Psicología se centró mayormente en los problemas mentales (psicopatología) o en aquellos aspectos negativos relacionados con el sufrimiento del ser humano. Pero desde hace unos años, una nueva y creciente corriente de pensamiento ha surgido para enfatizar las virtudes de un estilo de pensamiento más sano. Se trata de la Psicología Positiva. A rasgos generales, la psicología positiva se dedica al estudio científico de las experiencias positivas junto a programas que ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas (Seligman, 2005).

Este autor, presenta tres categorías de emociones positivas relacionadas con el pasado, presente y futuro. Las emociones positivas referentes al pasado incluyen la satisfacción, la alegría, el orgullo y la serenidad. Las emociones positivas referentes al futuro incluyen optimismo, esperanza y confianza.

Tener un estilo de pensamiento positivo sería similar a ver la mayor parte del tiempo el vaso medio lleno, tener una actitud positiva ante la vida y, aunque no debemos de dejar de ser realistas, el afrontar la vida cotidiana de forma optimista nos hace más equilibrados y felices.

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El ser humano al vivir en sociedad debe seguir unas pautas o reglas implícitas y explícitas para facilitar la convivencia entre nosotros. Desde pequeños nos dicen reiteradamente que “hay que compartir”, que tenemos que hacer favores, y que en definitiva, tenemos que complacer a los demás. Este tipo de aprendizaje en el que se nos educa se queda firmemente pegado a nuestra forma de interrelacionarnos y nos crea durante toda la vida algún que otro quebradero de cabeza.
No siempre nos apetece quedarnos con el sobrino de tres años que te pinta todo el salón con los “plastidecor” mientras tu hermana se va al cine, o prestar ese vestido de lycra a tu prima Mariana que pesa 12 kilos más que tú…madre mía. Incluso, ¿cuántas veces hemos salido un viernes por la noche sin tener nada de ganas, sólo porque te da un apuro inmenso decirle a tu compi de clase que prefieres quedarte viendo el Sálvame Deluxe a irte de cañas con la pandilla?

La solución a este tipo de conflictos tan cotidianos en nuestro día a día la podemos encontrar en una sencilla palabra: ASERTIVIDAD.

En 1940 Andrew Salter definió la Asertividad como un rasgo de personalidad que algunas personas poseen y otras no. Las personas asertivas se encuentran en medio de dos estilos opuestos de comportamiento, pasivo o agresivo. En el estilo pasivo, el individuo suele ser sumiso, incapaz de expresar e imponer sus opiniones o puntos de vista, por lo que suelen tomar por él las decisiones importantes ya que le cuesta enfrentarse a los demás. En cambio, en el estilo agresivo, el individuo suele encontrarse cómodo provocando el conflicto continuo e imponiendo su forma de ver las cosas a los demás. No suele ponerse en el lugar de otros ni escucha el punto de vista de los demás.

Un estilo de comunicación intermedio y más sano a todos los niveles sería el estilo asertivo. El individuo asertivo es sobre todo respetuoso con los demás. Expresa su opinión sin miedo a lo que puedan pensar otros porque la premisa fundamental es no sentirse mal sin hacer daño a los demás. No siempre podemos contentar a todos, seguramente si tenemos acostumbrados a nuestro entorno a decir a todo que sí, en el momento en el que digas “hoy no puedo quedarme con Pepito porque tengo trabajo pendiente”, o incluso “hoy no me apetece, mejor otro día”, puedes provocar alguna que otra cara larga, pero si haces algo a disgusto, no sólo no disfrutas de eso a lo que te has comprometido sino que se genera en tu interior un sentir negativo que puede manifestarse en ansiedad, estrés u cualquier tipo de malestar.

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