Revista Todo
El palo borracho rosado es una exótica planta de la familia de las Bombacáceas, la misma a la que pertenecen los famosos baobabs africanos, todas las cuales se caracterizan por sus troncos abombados, de donde toma el nombre de la familia. Su nombre científico es Chorisia speciosa, en la que la parte genérica alude al artista ruso del siglo XVIII Ludwig Choris, que dibujó especies botánicas del Nuevo Mundo; la parte específica del hombre se refiere a la elegancia y vistosidad de sus flores (specium significa precioso, hermoso). En Brasil se la conoce como “paina” o bien “kapok”, por sus fibras, aunque este nombre se reserva más para la Ceiba pentandra, el árbol más alto de Sudamérica y de donde se obtiene este producto, del que por cierto hay un ejemplar en la capital malagueña, en la calle Salvador Allende. Hay otra especie del mismo género que, aunque mucho menos frecuentemente, también se ha importado a nuestros jardines, como el palo borracho amarillo (Chorisia insignis), de tronco más ventrudo (por lo que localmente se le conoce como “barrilito”), flores amarillas y hojas más cortas, de la que solamente hay un ejemplar plantado en la plaza de la Marina de Málaga, frente a la puerta del Muelle de Heredia, y que por tanto goza de protección oficial.

Se trata de un árbol caducifolio, robusto, pudiendo alcanzar alturas considerables, más de 27 m en condiciones favorables, si bien en nuestros jardines nunca supera los 8 m de altura. Tronco muy característico de la familia, engrosado a modo de botella, de corteza pardo-grisácea, lisa, aunque con algunas grietas dispersas, y fuertemente erizado de espinas cónicas gruesas de distinto tamaño según la edad; ramificación no muy abierta, dando lugar a una copa redondeada, algo irregular, de follaje denso, dando una buena sombra. Hojas caducas y en disposición alterna, con un largo peciolo, en cuyo extremo se abre un limbo dividido en 6-7 hojuelas en disposición palmeado-compuesta, de forma oval-lanceolada, borde dentado, con nervios más claros, verde oscuro en el haz, más claro en el envés, donde los nervios están muy marcados. Flores hermafroditas, muy grandes y llamativas, regulares, solitarias en la axila de las hojas; periantio con un cáliz de forma acampanada, formado por 5 sépalos fusionados que dejan libre solo 5 lóbulos irregulares, siendo sedosos en su cara interna; corola muy grande, formada por 5 grandes pétalos alargados, libres, obtusos y curvados hacia atrás, de color rosáceo o rojizo en la mitad apical, amarillo con estrías rojizas en la mitad basal; androceo formado por 5 estambres solados en una columna doble, dejando libres 5 anteras sentadas; gineceo formado por 3 carpelos, con ovario súpero y de 3 cavidades y con varios rudimentos seminales en cada carpelo. Fruto seco, tipo cápsula grande y colgante, de 20 cm de largo por 5 cm de ancho, de consistencia leñosa, forma fusiforme, alargada, color verdoso al principio, más pardusco en la madurez, abriéndose por las hendiduras de las cavidades, dando lugar a tres valvas que despiden las semillas, muy numerosas, de color pardo oscuro y envueltas por un penacho algodonoso que facilita su diseminación anemócora.

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La palmera canaria es una planta de la familia de las Palmáceas, gran grupo de plantas caracterizadas por un porte particular, con un tronco del que no nacen ramas, sino hojas, hecho por el cual no son estrictamente “árboles”. Su nombre científico es Phoenix canariensis, en el que la parte genérica alude al nombre griego de palmera (phoinix) que también significa “fenicio”, posiblemente porque fue este pueblo el que llevó los dátiles a Grecia por vez primera; la parte específica de su nombre alude a su zona de origen, las islas Canarias. Suele confundirse con otras palmeras del mismo género, como la palmera datilera (Phoenix dactylifera), que se diferencia por sus frutos (dátiles) más carnosos, dulces y de mayor tamaño, además de tener un tronco más delgado y hojas más estrechas y rígidas. Otras más raras son la palmera de Senegal (Phoenix reclinata) que se ha importado en algunos jardines como los Jardines de Picasso de Málaga, y la palmera enana (Phoenix roebelenii), de la que hay un ejemplar en los jardines de la Catedral de Málaga.

Se trata de una planta que, como hemos indicado, no es propiamente un árbol, ya que carece de ramas, naciendo sus hojas (llamadas palmas) directamente del eje principal que hace de “tallo”, además de que la savia circula por el centro y no por los lados como los demás árboles. Aún así, lo incluimos como árbol por su porte, descartando así la única palmera autóctona de la Axarquía, el palmito (Chamaerops humilis), que rara vez desarrolla un tronco. La palmera canaria es un árbol de porte esbelto, tronco recto, columnar, relativamente grueso (50-80 cm de diámetro), rara vez doblado, que puede alcanzar una altura de hasta 20 m en buenas condiciones. Este tronco se va formando a medida que se van desprendiendo las hojas más antiguas, quedando unas cicatrices, pero sin formar una “corteza”, como tampoco tiene ramificación. Las hojas o palmas, presentes únicamente en el ápice del tallo, son muy grandes (hasta varios metros de largas), arqueadas, anchas y flexibles, de color verde intenso, pinnadas, con numerosos segmentos induplicados (doblados hacia el haz), los inferiores cortos, rígidos y punzantes y los intermedios miden de 40-50 cm. Flores unisexuales y en distinto pie (dioicas: palmeras machos y hembras), agrupadas en inflorescencias ramosas muy grandes, protegidas por brácteas alargadas y muy grandes (espatas), con ramillas en zigzag; ambas flores son de pequeño tamaño con periantio de dos envolturas de tres piezas o tépalos, en las que las internas son dos veces más largas que las externas; flores masculinas con 6 estambres de filamentos cortos y muy finos; flores femeninas con tres carpelos libres, de los que solamente uno desarrolla fruto. Fruto carnoso, tipo drupa, llamado dátil, pequeño, de 1-2,3 cm de largo y con mucho hueso endurecido en relación a la carne (a diferencia de la palmera datilera), formando una semilla solitaria.

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El ombú, o árbol de bella sombra, es un árbol de la familia de las Fitolacáceas, pequeño grupo de plantas tropicales y subtropicales, algunas de cuyas especies, como ésta y la hierba carmín, producen sustancias como laca o carmín. Su nombre científico es Phytolacca dioica, en la que el nombre genérico es un nombre compuesto entre phyton (que en griego significa planta) y lacca (laca, colorante); en cuanto al nombre específico, alude a su condición de planta dioica, es decir árboles unisexuales. Próximo a este árbol, pero de porte no arbóreo es la llamada hierba carmín (Phytolaca americana), que contiene saponinas que pueden servir para lavar la ropa y que por su poder colorante se ha usado para intensificar el color el vino tinto.

Árbol robusto pero no muy alto, no superando normalmente los 10 m de altura (se conocen raros ejemplares de 15 m), por lo que tiene un aspecto rechoncho. Tronco derecho, de corteza gruesa, poco rugosa, pardo-grisácea, haciéndose cavernoso con la edad y ensanchándose y retorciéndose considerablemente en la base, continuándose con las raíces, cuya base sobresalen en la superficie del suelo; ramificación muy abierta, con ramas externas horizontales o combadas hacia el suelo, dando una copa elegante, redondeada, casi tocando el suelo por la periferia y que por su densidad y amplitud da lugar a una sombra magnífica (de ahí el nombre de “árbol de bella sombra”). Hojas perennes y en disposición alterna, con peciolo largo, de 3-6 cm y limbo grande, de 6-12 cm de largo, simples, de borde entero, forma oval-lanceolada, verde oscuro y algo brillantes en el haz y mates en el envés. Flores unisexuales y en distinto pie (dioicas: ombú macho y hembra), dispuesta en racimos colgantes, ambas poco vistosas y de pequeño tamaño, con un periantio formado por una sola envoltura sepaloidea de 5 sépalos libres de color blanquecino o verdoso; flores masculinas con 20-30 estambres que sobresalen de los sépalos; flores femeninas con un pistilo formado por 7-12 carpelos unidos en la base. Fruto carnoso, que recuerda una baya, algo deprimido y de color verde claro cuando es inmaduro, haciéndose purpúreo y negro en la madurez, conteniendo 7-12 semillas, formando en conjunto una infrutescencia colgante que con la madurez se desprende de la rama y cae al suelo, donde puede ser pisado por viandantes, con el consiguiente peligro de caídas por resbalamiento.

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La mimosa es un árbol de la familia de las Leguminosas, plantas caracterizadas por sus típicos frutos en legumbre, subfamilia Mimosoideae, caracterizadas por sus tallos espinosos y hojas compuestas. En realidad, las mimosas son acacias que tienen hojas muy divididas y antiguamente se creó un género aparte para ellas (Mimosa) que ha resultado ser sinónimo de Acacia. Su nombre científico es, por tanto, Acacia dealbata, en la que la parte genérica alude, como se han señalado anteriormente, a su condición de espinosa (del griego akantha = espina) y la parta específica alude a su tomento blanquecino (dealbatus = cubierto de polvo blanco). Hay muchas más especies del mismo género que son parecidas a esta acacia y de origen australiano, donde se las conoce más como “mimosas”, tales como la acacia escurrida (Acacia decurrens), de foliolos más espaciados; la mimosa negra, Acacia mearnsii, de ramitas pelosas y foliolos más grandes; la acacia de Bailey (Acacia baileyana), de ramillas angulosas o aplastadas; la acacia pelosa (Acacia pubescens), de ramillas muy pelosas y la acacia vistosa (Acacia spectabilis), también de ramillas muy pelosas. No debe confundirse estas mimosas con otras que vulgarmente se las conoce aquí también como “mimosas”, como el guaje blanco (Leucaena leucocephala), de cabezuelas blancas, origen mejicano e importada como una mimosa para jardines.

Es una planta leñosa que al principio tiene un porte arbustivo, pero que puede alcanzar un porte arbóreo, no muy alto, conociéndose ejemplares excepcionales de hasta 30 m de altura, pero lo normal es que no pase de los 15 m. Su tronco es derecho, con ramificación abierta, dando lugar a una copa aparasolada; corteza de color pardo oscuro, lisa y verde en las ramas jóvenes y algo rugosa en las más viejas. Hojas perennes y en disposición alterna, compuestas y bipinnadas, de unos 6-10 cm de longitud y 10-25 pares de segmentos, con 17-50 pares de foliolos muy apretados, alargados, de 2,5 cm de largo por 0,5 cm de ancho, elípticos, de borde entero, verde claro no lustroso, densamente cubierto por un tomento blanquecino; con grandes glándulas en la inserción de todos los segmentos, excepto en el par basal. Flores hermafroditas, agrupadas en cabezuelas globosas con unas 30-40 flores, a su vez agrupadas en panículas que nacen de la axila de las hojas; periantio con cáliz y corola con piezas soladas en tubo, del que sobresalen numerosos estambres con filamentos libres unidos sólo en la base; pistilo unicarpelar, ovario súpero, rodeado por un disco nectarífero y una sola cavidad. Fruto seco y dehiscente, tipo legumbre, de 3-8 cm de largo por 0,7-1,3 cm de ancho, rectas o ligeramente curvada, aplastada lateralmente y sin apenas estrechamiento entre semillas, de color verde cuando está inmadura y tomando un color pardo-rojizo en la madurez.

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El magnolio es un árbol de la familia de las Magnoliáceas, la más primitiva de las plantas con flores, caracterizada por sus grandes flores y fruto en forma de piña. Su nombre científico es Magnolia grandiflora, en la que el nombre genérico alude a un botánico francés del siglo XVII llamado Pierre Magnol, y el nombre específico alude a sus flores característicamente grandes. De esta especie, apreciada como ornamental, se conocen dos variedades silvestres, la Magnolia grandiflora var. lanceolata y la Magnolia grandiflora var. gloriosa, que se diferencian por la forma de las hojas y tamaño de las flores. También se han obtenido variedades en viveros, como la var. “Goliath”, que tiene las flores de mayor tamaño que se conocen. En los jardines se pueden encontrar otras especies del mismo género, como la Magnolia denudata, de flores acampanadas, y la Magnolia liliflora, de flores llamativamente purpúreas. Finalmente, citaremos algunos híbridos obtenidos artificialmente, como la Magnolia x soulangeana, híbrido entre Magnolia heptapeta y Magnolia quiquepeta, de floración precoz y espectacular y hoja caduca; y la Magnolia x loebneri, híbrido de Magnolia kobus y Magnolia stellata, de flores estrelladas blancas o purpúreas externamente. Finalmente, citaremos otras dos especies que también aparecen en los jardines.

Se trata de un árbol perennifolio que, de adulto, es robusto, alcanzando una altura considerable, conociéndose ejemplares silvestres de 30 m, aunque lo normal es que no supere los 15-20 m de altura. Tronco de corteza pardo-grisácea, lisa, con ramificación poco abierta, con ramas jóvenes de color ocre y tomentosas, dando lugar a una copa oval o algo piramidal, pero amplia y tupida. Hoja perenne y en disposición alterna, con un corto peciolo de 1-2 cm y un limbo grande, de 12-25 cm de longitud, de forma oval o lanceolada, borde entero, color verde brillante por el haz y pardo-rojizas por el envés, con nervios bien marcados, gruesas y de textura correosa. Flores hermafroditas, muy grandes, de 20-30 cm de diámetro, según las variedades, solitarias,en la punta de las ramas, con un periantio en espiral, constando de dos o tres envolturas pero sin diferenciarse, dando lugar a 6-12 piezas petaloideas libres, ovales y carnosas, de color blanco cremoso. Androceo formado por estambres purpúreos, con filamentos anchos, dispuestos en espiral sobre un receptáculo alargado. Gineceo en la parte apical del receptáculo, formado por numerosos carpelos libres dispuestos en espiral. Frutos secos, de pequeño tamaño, alados a modo de sámaras, reunidos en infrutescencias parecidas a una piña, que se abren longitudinalmente por su dorso, en cuyo interior hay semillas de color rojizo brillante que al abrirse el fruto quedan colgando por un largo pedúnculo de fibrillas que proceden de los haces vasculares de la sutura lateral o rafe.

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