Revista Todo
Sin duda alguna que la JMJ (la Jornada Mundial de la Juventud) en Madrid con SS. El Papa Benedicto XVI ha calado en el interior de nuestra Iglesia Católica, que a pesar del vendaval de opiniones hirientes y negativas a su imagen que nos quieren dar aquellos que van por la vida con la bandera del progreso del nuevo mundo moderno, global y plural; yo he tenido la suerte y la gracia de Dios de preparar esta Jornada en sus tres etapas: concienciación a toda la Comunidad Parroquial, a nuestros pueblos y ciudades; en la segunda fase con la acogida a los peregrinos que se instalaron en nuestra Parroquia en el mes de agosto y en tercer lugar participando en las propias Jornadas celebradas en Madrid.

Toda la Iglesia preparó con bastante dedicación la concienciación de que los Jóvenes son el futuro de la Iglesia y que juntos en Madrid renovarían su fe: la fe en Jesucristo y la fe en la Iglesia Católica. Aquí en Vélez tuvimos jornadas de oración, temas de estudios, grupos preparando el encuentro en Madrid, la recepción de la Cruz y el Icono de la Virgen el 3 de mayo…

La acogida a los peregrinos de Canadá, fue una experiencia de Iglesia viva que pudimos comprobar. Nuestros jóvenes y mayores trabajaron incansablemente preparando el plan de actividades, la logística, las compras, acomodación de los espacios, detalles y mil pinceladas de amor para que se sintieran en casa. Todos unidos: grupos parroquiales, Agrupación de Cofradías y tantos y tantos simpatizantes de este evento. Nuestros jóvenes fueron los protagonistas: juegos, acompañamiento y amistad, comidas, paseos y excursiones, unidos en oraciones y en la celebración de la santa Eucaristía con el Arzobispo de Canadá. Como anécdota, que nos ayudó a todos, fue la educación de los peregrinos que se instalaron en el colegio de la Gloria, en los salones parroquiales, en ese comedor que montamos y sobre todo cuando compartimos la Misa en el Domingo; en el momento de la consagración, todos los jóvenes se pusieron de rodillas. Silencio y paz envolvía el Templo de san Juan, un equilibrio perfecto en la celebración festiva de la Eucaristía. Ellos nos hicieron ver, sentir y gustar que el equilibrio es posible: alegría y compostura, dinamismo de la multitud y sosiego colectivo, reflexión y acción. ¡Gracias peregrinos de Canadá!

Un grupo de unos veinte salimos para Madrid la mañana del martes 16 de agosto. Lorena, José Antonio, Alberto, Susana, Carlos, Pepe, José Carlos, Francis, Melisa, Bea, Aitor, Edu, Marga, Rafa, Inma, José Alberto, Rocío, Ana, y un servidor. Entre ellos Hermanos Mayores de Cofradías, jóvenes de los grupos parroquiales, catequistas, miembros del Consejo Parroquial y colaboradores de la Parroquia, una buena representación de Vélez-Málaga en Madrid.

Con ilusión, el grupo de Vélez, compartíamos autobús con jóvenes de Nerja, La Cala del Moral y el Morche; representábamos a la Vicaría de la Axarquía. Unos 12 autobuses nos dábamos cita en Málaga, en Martiricos, frente al Estadio de Fútbol de la Rosaleda. A mi me designaron viajar en un coche particular, pues faltaba una plaza y se la cedí a un joven de la Cala; yo viajaba con dos sacerdotes, uno de ellos, Delegado de Juventud, Coordinador de los peregrinos de Málaga y el otro sacerdote haría de chofer y a su vez realizaría las tareas de secretaría en esta Peregrinación de seis días. Llegando a Antequera la rueda trasera hizo que nos estrelláramos contra la valla de la carretera, el primer parón. Salimos del coche con una experiencia de paz y de alabanza a Dios, ¿Señor, tú quieres que vayamos a este encuentro mundial de la juventud?, ¡pues vamos “pa lante”! Si teníamos duda del evento y de esta macro organización, descubríamos que Tú nos querías allí.

Llegamos a Madrid, a un pabellón deportivo de Torrejón de Ardoz, allí estábamos todos los Málaga, unos 600 peregrinos. Nuestras mochilas, sacos de dormir y esterillas estaban ya alienados en esa gran casa que nos albergaría en estos días calurosos de Madrid. Muchas ilusiones, muchos deseos de renovar la fe, muchos deseos de unirnos al Papa y escuchar sus palabras de animación a nuestros jóvenes. Era la tarde del martes días 16 de agosto y después de almorzar fuimos a la plaza de la Cibeles, allí el cardenal Rouco presidió la Eucaristía de bienvenida a todos los jóvenes del Mundo. Al llegar a esta plaza quedamos un poco cohibidos por la cantidad de jóvenes que de todo el mundo participaban en la Eucaristía. ¡Cuántas banderas!¡Qué colorido de razas y culturas unidas! ¡Cuántos rostros sonrientes y enamorados de Cristo nos saludaban! Era algo parecido a una reunión de familia, cuando se ven todos los primos y juegan, comparten sus palabras, estrechan sus manos, se besan, se piropean con alegría, entre bromas y ritos propios de amistad. Esa tarde la Cibeles se convirtió en un centro de espiritualidad de la juventud mundial que radiaba de salud espiritual y de buenos modales a los que desgraciadamente no estamos acostumbrados ver en los jóvenes cuando nos atizan con los noticieros e informativos televisivos.

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Durante la estancia en Málaga del Obispo D. Ramón Buxarrais Ventura, siempre acompañado de grandes sacerdotes, catequistas y seglares, se iniciaron los Encuentros del Pueblo de Dios y las distintas Asambleas Diocesanas donde se empezaron a poner en práctica los nuevos conceptos teológicos y revitalizadores del Concilio Vaticano II en todo lo referente a los laicos o al mundo seglar.

El concepto de Parroquia se dinamizaba de una manera distinta. Los términos Asamblea, Casa de todos, Comunidad, Corresponsabilidad, Participación Activa, Compromiso Social, etc, empezaban a utilizarse en nuestros vocablos de cristianos de a pie. Surgieron numerosos movimientos de espiritualidad y de apostolado dentro de nuestra Iglesia Universal, llegando a nuestras iglesias locales y floreciendo un ramillete de asociaciones diversas, todas ellas con el deseo de participar activamente en la Iglesia y de crecer en todas las dimensiones del ser humano, pues se trata de que hombres y mujeres con una fe profunda y madura anuncien a Jesucristo y transformen esta sociedad por medio de su testimonio vivido y comprometido en el mundo: en la familia, en el trabajo, en la política, en la cultura, en la educación, en la diversión y en todos los ámbitos de los seres humanos.

Todos estos acontecimientos eclesiales junto con toda la situación social empujada desde la transición española nos ayudaron a generar una Iglesia más fuerte, más evangélica en su ardor y en su celo pastoral.
Se crearon Escuelas de Formación en Málaga: El Centro de Teología en calle sta. María, actualmente Instituto de Ciencias Religiosas San Pablo, y se creó la Escuela de Agente de Pastoral D. Manuel González, hoy día, Escuela de Teología. A su vez surgieron en algunas zonas de la Diócesis Escuelas y Reuniones Asamblearias donde se estudiaba la Biblia; en Torre del Mar se creó la Escuela Bíblica, impulsada por el sabio de D. Evaristo Martín Nieto; en otros lugares se han mantenido semanas Bíblicas, ciclos de Conferencias en torno a la Sagrada Escritura y los Santos Evangelios.

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Cada vez me doy cuenta, al leer menos y al estar siempre rodeado por algunos medios de comunicación social que deseducan y adormecen el pensamiento y el crecimiento de tu ser personal, que mis palabras son reducidas y simples. Sin culpar a los demás, reconozco que con el tiempo, al abandonarse un poco en el estudio diario se pierde vocabulario, sintaxis, redacción, capacidad de resumir y expresión verbal. En general hago una observación a esta sociedad que estamos viviendo y en muchas de sus personas descubro una falta de lectura, de fluidez en expresiones, un modo de hablar agresivo y simplista, una gran ausencia de espiritualidad. Por eso al asomarme a la Palabra de Dios encuentro un amplio horizonte lleno de posibilidades que enriquecen mi vocabulario, mis expresiones, mi modo de redactar y lo que considero más importante y de valor, poco a poco sin darme cuenta te vas configurando y te vas adentrando en esta Palabra llena de vida, lo que toca lo hace florecer, te empapa, te riega, te interioriza y te llena de sentido en tu caminar, ¡habrá algo que tenga más valor que tu interior!

“Como desciende la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin empapar la tierra, fecundarla y hacerla germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer; así será mi palabra, la que sale de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que hay realizado lo que quiero, sin que haya cumplido aquello a que la envié” Isaías 55, 10-11.

¡Qué razón tenían los santos Padres, cuando hablaban de la Palabra como Palabra Viva y Alimento sustancioso!
“Es en la mesa el Señor donde recibimos nuestro alimento: el Pan de vida…Pero es en la mesa de las lecturas dominicales en donde somos alimentados con la doctrina del Señor” san Hilario.

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Esa cena del año mil novecientos noventa todavía la saboreo y recuerdo perfectamente el menú: entremeses variados de embutidos, ensaladilla rusa, filetitos al vino, macedonia de frutas como postre, champán y mantecados para la sobremesa con sus cantes de villancicos entre palmas y panderos, una nochebuena muy entrañable que cada vez que pienso en ella evoco la primera Navidad de la Sagrada Familia; esta experiencia intento reproducirla cada año en la Parroquia a la que sirvo alrededor de aquellos más necesitados, pues así lo ha querido Dios.

Mis tres amigos Isa, Mª José, Javier y yo nos unimos durante un curso al voluntariado del Albergue Municipal, un tal Paco nos llevó a ese lugar y quedamos sorprendidos pues a uno 500 metros de casa de nuestros padres, vivía gente muy peculiar olvidada por la sociedad y condenada por su circunstancia a sufrir un final muy triste y nosotros llamándonos cristianos, observando este capítulo de la crueldad de la vida.

Allí vivían cuatro hombres. Después de atravesar una cancela muy deteriorada, se accedía por un pasillo muy largo y se llegaba a un rincón de la casa; cada uno tenía una cama y una taquilla donde guardaban sus escasos objetos personales; un par de cuartos de baño comunes daba por finalizada la casa de estos amigos. Un verdadero “Portal de Belén”: pobreza de medios, desnudez de materiales, intemperie ante los demás en la noche, alegría ante cualquier detalle, unidad y respeto entre todo el grupo.

Sus habitantes eran: Antonio, “el completo”, que diariamente buscaba cartones y los llevaba a la chatarra, ganando unas pocas pesetas “de las antiguas”, siempre con su gorrilla y su media colilla en la boca; el día entero lo pasaba fuera de la casa. Aparecía sólo de noche para dormir. También se encontraba Juan, de unos cuarenta años, procedente de Granada, que por las circunstancias de la vida llegó a Ronda como transeúnte y allí se quedó; tenía problemas con su mente y se sentía muy solo y triste. Nunca vimos en él un gesto de violencia o de desprecio. El simpático “Toto”, Antonio, el alcohol era su compañero de fatiga, una persona enferma, en cualquier plaza tenía su rinconcito para beber y dormir. Sus bromas, chistes y cancioncillas siempre salían en sus saludos. Jesús era el cuarto de los amigos, también el alcohol vivía en su sangre y su cerebro no quería pensar en otra cosa; hombre muy culto y sabio, que de vez en cuando había que hospitalizarlo: una mala caída, alguien mientras dormía le dio una paliza, vivía en una pesadilla constante cada vez que recordaba su paso por el Vietnam. Pesadillas de disparos y de bombas le hacían sobresaltar en las poquitas noches que podía dormir en una cama. El Ayuntamiento semanalmente les llevaba unas sábanas y recogía las sucias. Una vez al mes limpiaban aquel lugar. Mis amigos y yo empezamos a convivir con estos amigos; cuatro amigos por cuatro amigos.

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Quizás no sea correcto contabilizar el número de momentos de gracia vividos, ya que no se debe tratar de cosificar las cosas de Dios, ¡pero es tan difícil de expresar con el lenguaje humano las experiencias divinas! Lo cierto es que, aquí en el Cementerio Municipal, en el tanatorio de la Esperanza o en el tanatorio de la Axarquía vivimos diariamente muchos momentos de gracia, como deseo definir. Cada vez que los distintos párrocos de Vélez y de la Comarca de la Axarquía oficiamos una Misa exequial o una celebración de la Palabra o un responso, Dios trasmite al pueblo un momento de singular hondura.

Se trata del paso de una noche oscura a un día de claridad. De la muerte a la Vida. Del Misterio a la Contemplación. De la incertidumbre y las dudas a la Claridad de la Verdad. Esto es lo que se produce, cada vez que despedimos a un ser querido. Pasa a Vida mejor y a Vida Eterna. ¡Es difícil creerlo, pero es así! Cristo así lo definió y el cumple lo dictado por amor, el permanece fiel a sus palabras y promesas. Cristo es la Resurrección, el Camino, la Verdad y la Vida.

A los sacerdotes nos toca acompañar al hombre y a la mujer de hoy en el misterio de la Vida. Y la muerte es uno de los grandes misterios. Nuestra humanidad también se sorprende y estamos llamados a afrontar ese momento, pues también somos hijos, algunos tenemos a nuestros padres vivos, otros ya están gozando del Reino celestial. Tenemos hermanos, cuñados, sobrinos, abuelos, vecinos y mucha gente a la que queremos. Cuando nos dejan también lloramos y lamentamos su pérdida.

El Evangelio de san Juan nos relata la muerte de Lázaro en Betania, un gran amigo de Jesús y el evangelista nos cuenta que Jesús se echó a llorar. Toda muerte es un momento de tristeza, de amargura y de oscuridad. A veces son tragedias más indigeribles, como un accidente en la carretera o un accidente en la vida laboral, una muerte repentina. En otras ocasiones se trata de una muerte esperada y angustiosa, después de una larga enfermedad que a todos nos ha cansado y desgastado, pero aun así, nunca nos hacemos la idea de la gran pérdida que supone que nos deje un ser querido.

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