Revista Todo
Nombrar el Pinsapo Azul enclavado en la Sierra de las Nieves en el municipio de Yunquera es evocar la letra de la estrofa de una canción de mi gran amigo Javier Martínez: “Tanto tiempo compartido en estos campamentos, tanta vida, tanta fuerza para dar”. Yo subrayo estas palabras: tiempo, vida y fuerza para dar.

Ya en los años noventa nuestro querido sacerdote Juan Miguel González Rubio entusiasta del contacto con la naturaleza y de las actividades grupales en convivencias y acampadas con niños y jóvenes, tuvo esta inteligente intuición, encontrar un lugar para instalar los campamentos de verano, cercano al pinsapar, done el aire de la sierra te oxigena del ritmo anual de las prisas contaminantes en las que vivimos.

Más de cuatrocientos niños, hoy muchos son jóvenes, otros ya adultos y otros son padres de familia, todos ellos han tenido esta maravillosa aventura de acampar en ese poblado tan lleno de vida, donde las cabañas de madera son testigos oculares de los valores aprendidos en esos días de campamento que jamás olvidaremos.

Si releemos las esmeradas programaciones de nuestros equipos de catequistas y monitores, si evocamos todos los recuerdos, si vamos ordenando las diapositivas, videos, fotos, manualidades realizadas en esos días, libretas con anotaciones, listado de compras de materiales, las pólizas de los seguros, cajas de cartón repletas de disfraces, alguna camiseta firmada por todos los acampados y monitores, seguro que formularemos una historia rica en humanidad de la que hemos tenido la gran dicha de ser protagonistas.

Un lema y una temática cada año es una novedad de intriga de cara a los niños; todo ello envuelto en un ritual de expectación, adornado por disfraces y ornamentos, enmarcan perfectamente el ambiente necesario para vivir unos días de Campamento, todo ello muy elaborado por el equipo de catequistas y monitores. Ocurrencias y dificultades no faltan en las pruebas a realizar en las Ginkanas, juegos amenos y entretenidos que en el pueblo de Yunquera despertaron mil y una sonrisa, dinámicas y reflexiones animados por nuestros catequistas y el sacerdote, nos elevan el alma hasta llegar a Dios, una postal inolvidable será la Misa del domingo sentados sobre el césped húmedo y la tarde que va cayendo, la esperada noche del terror frecuenta una vez más los repetidos llantos y risas, los baños de agua helada en la gran piscina, las horas de sosiego y relax en los talleres de manualidades, la creatividad e ingenio de las veladas preparadas por los grupos de niños que en estos días han convivido de una manera intensa; se acentúan las canciones, los chistes y las anécdotas nacidas en estos días de convivencia…todo esto y mucho más quedara grabado en el gran libro de la historia del Pinsapo Azul.

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No podía imaginar el conocimiento adquirido en estos cuatro años intensos como conciliario de diecisiete Hermandades y Cofradías en Vélez-Málaga. No imaginaba el trabajo que me esperaba y el sacrificio admirable de tantos cofrades perseverantes en sus labores.

Los he visto de trabajar con el sudor de su frente en las ferias de San Miguel en septiembre y en numerosas verbenas y fiestas, cuando todas las familias se distraen y se divierten, ellos entre fogones, sol y esfuerzo físico y psíquico buscan la prosperidad y el crecimiento de su Cofradía, de su grupo, en honor de sus Sagrados Titulares.

Los he visto en la andadura cuaresmal de acto en acto, en presentaciones de libros, estandartes, pregones, carteles…muchos de ellos interviniendo como maestros de ceremonias, otros como acomodadores de un perfecto protocolo, algunos decorando altares y estrados con mimo, gusto y belleza.

Me he enriquecido acompañándolos y rezando en sus salidas procesionales en días de pasión o en días de gloria, acompañando a María por las calles de nuestra Ciudad junto a su Hijo Jesucristo; también los he acompañado en pueblos vecinos e incluso en la aldea almonteña, peregrinando al Santuario de la Virgen del Rocío.

Reuniones mensuales o trimestrales de Juntas de Gobierno y Juntas Rectoras discerniendo dificultades, encajando algunos fracasos, buscando remedios para curar el daño cometido, pidiendo perdón…siempre buscando el bien de nuestros hermanos y de la Cofradía.

A pesar de que en este mundo de Hermandades y Cofradías hay algunas personas muy despejada de lenguas, muy prontos en juicios y acusaciones, a veces, destructivas, gracias a Dios son los menos, también he visto a grupos reunidos: pensando, rezando, a veces llorando, rebuscando aquellas resoluciones que han creado conflicto, intentando de resolverlas con caridad cristiana, discreción, tesón y firmeza basándose en los estatutos. Precisamente en estos últimos años todas las Juntas de Gobierno hemos descubierto que nuestros estatutos tienen que ser el eje motriz del funcionamiento de nuestros grupos, la carta magna que junto con los Santos Evangelios guíen nuestra embarcación a buen puerto.

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Seguro que desde el vientre materno ya escuchaba algunas canciones y plegarias que fueron nutriendo mis células más profundas que luego serían transformadas en notas musicales que unidas a palabras expresarían mi relación amorosa con Dios Padre.

Aquel que me creó, me sigue creando en esta historia aún no finalizada. Es el canto religioso un estilo de vida y un potencial de recursos que se convierte en un instrumento muy válido para comunicarnos con Dios y celebrar nuestra fe. En mi vida de oración personal y comunitariamente me ayuda en esta relación amorosa con Dios. Que bonitas palabras las de San Agustín en el sermón 34: “El que canta, ama. Todo el que ha aprendido a amar la vida nueva, sabe cantar”.

Ni mucho menos soy cantante, ni pretendo serlo, soy un orante de la Palabra y un aficionado a todo cántico que parte de la misma vida para entablar una comunicación con Dios. La alabanza, la súplica, el ofrecimiento y la gratitud continuamente brotan en nuestra vida de oración.
Puedo enumerar muchos capítulos de mi infancia, juventud y actualidad relacionados con la música. No son casualidades sino designios de su Providencia Divina que va conduciendo el alma por las partituras más insospechadas de la misma vida.

Ya la Madre Concepción de san José en el Colegio de la Inmaculada probó mi voz y fui admitido en la coral infantil; recuerdo que no cantaba muy bien e incluso desafinaba, pero para la edad temprana que poseía era muy responsable y constante en las cosas que me gustaban, claro está, como en este caso: cantar. Como todos los niños alienados en un pasillo, fuimos sujeto de un pequeño examen, se trataba de solfear unas líneas de una sencilla partitura y entonar el estribillo de una canción que ella interpretaba con su armonio y todos teníamos que repetir; unos se reían, por lo que eran eliminados automáticamente, a otros no les salía la voz, otros nos poníamos colorado, lo cierto es que fui admitido en este grupo y allá por el año 1980 empecé a cantar en esa coral de niños que nacía en el seno del Colegio de la Inmaculada y san José de la Montaña de Ronda. Llegó una religiosa con mucho talento y seducción, la Madre Jesús María Peña, que apoyada por la malagueña Madre Mercedes creó una tuna, la Tuna de san José. Empezaron los preparativos para celebrar el Centenario de la creación del colegio, que se festejó por lo grande. Los tunos de san José participamos en actuaciones y eventos, éramos quince niños. Nuestras madres ayudadas por modistas nos confeccionaron los trajes de raso negro, con los cuellos y puños de encajes y una gran capa negra forrada de raso en oro viejo, sobre la capa colgaban escudos y numerosos lazos de colores donde las niñas y profesores nos escribían dedicatorias… a mi me escribieron entre otras ¡para paquillo el monaguillo el tuno más pillo!, ¡para el tuno de los ojitos verdes!, o recuerdo aquel que decía ¡viva la madre que te parió! Tengo muchísimas anécdotas.

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Hace dos años por mediación de un vecino de nuestro municipio de Vélez-Málaga, en mil conversaciones que poseemos, me dijo:
- “¿Tú quieres venir al Rocío? Están buscando un capellán de camino, que acompañe espiritualmente a la Hermandad Rociera de Málaga –La Caleta”. El sacerdote que acompañaba este camino el Rvd. D. Miguel Ángel Corrales García falleció; “un santico”, como lo definían la gente de esta hermandad; su saber estar, sus homilías llenas de ímpetu, la convivencia con todas las familias y sus rosarios fervorosos siempre perdurarán en los rocieros de Málaga la Caleta que tanto le lloraron. Una noche estando ya en la aldea, después de haber hecho el camino y cruzado la dificultad de la Raya polvorienta, con sus pies cansados y su cabeza agotada por el sol, Dios le llamó a participar de su Reino, y allí, en el mismo Rocío entregó su alma a Dios, alma que reposa en las marismas del cielo, así se lo pedía muchas veces a la Santísima Virgen, ella le concedió tal petición.

Actualmente no hay ningún sacerdote que los acompañe, como director espiritual, me contaban la Junta de Gobierno; el capellán de camino es el animador espiritual de toda la travesía que los rocieros viven en esos días hasta celebrar el día de Pentecostés en el Rocío; su misión es celebrar la Misa de campaña diariamente, animando el espíritu, disponible para hacer consultas, confesar, hablar de cualquier tema, celebrar los actos litúrgicos del ángelus, al mediodía y del rosario en torno al Simpecado, por la noche.

Accedí a tal invitación, después de consultar a mis superiores e informarme más detenidamente de cómo procedía el caminar y cuál sería mi trabajo pastoral en estos días de peregrinación. En primer lugar tuve que rectificar en mi agenda parte de mi planificación y en el momento que todo estaba a punto, empecé a reunirme con los miembros de la Junta de Gobierno de Málaga.-La Caleta para empezar a idear los días de la peregrinación. Participé en un día del triduo, presidiendo la Eucaristía en la Parroquia de San Miguel de Miramar, sede canónica de dicha hermandad; allí se custodia su “Simpecao”, al que le dan devoción y una vez al mes reunidos un grupo de creyentes rezan la sabatina, el rosario y celebran la Eucaristía pidiendo por el fortalecimiento de la fe cristiana de dicha hermandad. Se me presentaba una nueva oportunidad para servir al pueblo de Dios. Soy Iglesia, y la Iglesia es Universal, a su vez se concreta en cada Diócesis y en cada grupo, movimiento, hermandad, comunidad parroquial en donde se hace vivo nuestro ser eclesial.

Los días de la peregrinación se acercaban. Empecé a preparar el equipaje: la bolsa de aseo, toallas, pantalones, camisas, los botos para poder andar, ropa interior, el saco de dormir, una guitarra, los santos Evangelios, el diurnal para la liturgia de las horas, una libreta y bolígrafo para mis anotaciones; el albacea de cultos de la Hermanad se encarga de llevar todos los enseres y vestiduras litúrgicas para la celebración de cada Eucaristía.

La mochila estaba a punto, todo preparado, pero también un poco de incertidumbre, y unos ojos llenos de ilusión se disponían a empezar el camino…¿que me tendría Dios preparado? En mi mente siempre ha vivido la inquietud de hacer el camino, pues soy un andariego; el camino del Rocío, el camino de Santiago y muchos otros peregrinajes han sido siempre unos retos en mi vida. El Rocío ya es una realidad.

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Todo es posible para aquel que cree en la Resurrección. Celebramos la cincuentena pascual como cada año, pero yo diría que este curso es muy distinto al curso anterior y totalmente distinto al de hace dos años y así sucesivamente.

Si os dais cuenta, ya conocéis un poco de mis reflexiones escritas y verbales, a veces son simples, otras muy sentimentales, a veces con falta de una buena teología, pero amigos, siempre que me pongo en esta tribuna me santiguo y digo a Dios: “Aquí estoy”, para tener el pulmón fuerte que vocee tu nombre y más en este tiempo de la Pascua de Resurrección. Hemos tenido un curso con mucho movimiento y muy ajustado con sus planificaciones que dieron la luz a través de la creación de una agenda, aunque la recibiéramos bien tarde por problemas de ser nuevos en esto de las publicaciones, podemos decir en nuestras revisiones que ha sido un instrumento de comunión y una herramienta de trabajo pastoral.

Cierto que es que todavía nos queda el tercer trimestre y vamos ya casi sin fuerzas físicas y psíquicas, un poco alterados por la primavera que ha llegado con fuerza.

Pero queremos seguir dando la talla y en este tiempo Pascual vivir con intensidad y mucho gozo que el Señor vive, en ti y en mí.
No tendrían sentido los madrugones, los días saturados y las actividades tan seguidas unas de otras si no nacieran del Encuentro con Cristo resucitado. No lo estamos haciendo tan bien, pero queremos hacerlo mejor y dar un testimonio sencillo pero directo y convincente.

Si me pongo hablar del voluntariado parroquial y de la Obra Social de la Parroquia, junto con la Agrupación de Cofradías, escribiría relatos y relatos llenos todos de un misterio incapaz de nacer de nuestras capacidades humanas o de nuestra voluntad, estoy convencido que detrás hay algo más.
En este mes de mayo empezamos pujante con la celebración de las Comuniones, donde toda la Parroquia se moviliza en este hacer catequético y evangelizador, aunque también nos vienen las dudas. La gente no se sabe comportar en la Iglesia, el cura es incapaz de crear silencio, esto se va de las manos, parece que todo el esfuerzo no tiene sentido. ¡Esperanza catequistas! ¡Confiad en Dios y no en vuestro hablar, cuadernillos, vestuario, flores o reportajes fotográficos! ¡Haced algún sacrificio al Dios que te ve en lo escondido para que todo se ponga en sus santas manos!

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