Revista Todo
Una mañana bien temprano llegue a la Parroquia para encontrarme con Jesucristo a través de la Oración personal en la capilla del Sagrario. Al encender los interruptores de la luz, observe a los pies del Sagrario una ramita de almendro en flor.

¡Qué belleza! ¡Qué adorno! ¡Qué expresión más visible de lo que es realmente bello! Y pensé en voz alta: ¡Señor, eso te basta! ¿Verdad? No hacen falta más jarrones, ni más docenas de flores, ni más adornos y decoros para expresar la belleza y el respeto hacia lo más sagrado, que eres Tú.

Esa postal que encontré aquella mañana me hizo pensar en la elegancia, en la discreción y en la sencillez que deben de tener tus cosas Señor, en contraposición al estilo barroco que hay dentro de nosotros; recargamos los altares, los masificamos de enseres, cuantificamos floreros, macetas y candeleros. Aquí solo había una ramita de almendro.

Sigo pensando en muchos momentos, en medio de mis muchas contradicciones, en esa experiencia que percibí en esa mañana. Lo pequeño, lo sencillo, lo que no llama mucho la atención. Como tengo la cabeza que tengo y la imaginación tan suelta que a veces no la puedo sujetar, paseé mi mirada por encima de las realidades y de los servicios que en esta casa se prestan y que se realizan desde la sencillez, elegancia y discreción, como esa ramita de flor ofrecida al Sagrario.

Son muchas las personas que nos ofrecen en el día a día su trabajo, aunque no llamen la atención, están ahí y gracias a ellas todo es eficaz, todo se realiza y todas las demandas son atendidas haciendo que el trabajo parroquial sea más llevadero y más esperanzador. Por un lado mencionar a la persona que todos los días abre la puerta de san Juan, y sin hacerse notar, hace que la luz entre en nuestra Iglesia, y que las puertas del templo se abran día tras día para dar los buenos días y acoger a todo aquel peregrino que llega, intentando que todo aquel que solicita una ayuda necesaria sea atendido con agrado, con sentido común, con prudencia y con mucho cariño.

Hay alguien que todos los días repasa el templo de la Parroquia de papeles, suciedad y desorden; vacía las papeleras y prepara los cuartos de baño con aseo y esmero. Otras personas preparan desperfectos, embellecen y acomodan nuevas reformas para el bien de todos. Otros intentan que el Sagrario tenga flores naturales, al menos todos los jueves durante la Exposición del Santísimo. Un grupo de mujeres semanalmente mantienen el templo limpio y bien perfumado. Otros riegan las plantas y retiran las flores secas.

Hay quien prepara el altar para la celebración: Misal y Leccionario, manteles y purificadores, canastilla, patena, cáliz , vinajeras y cajita de las llaves del Sagrario…todo preparado para la hora de la santa Misa.

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“Si miro al cielo allí estás tú, si miro al horizonte allí te encuentro” Salmo. La Contemplación es hoy en la Iglesia una tarea permanente y transversal. Es la Contemplación una búsqueda continua de nuestro ser y un remitir continuamente a la esencia de nuestra Creación: Dios y el ser humano.

En cualquier momento y ante cada circunstancia un día de retiro sienta bien. Todos necesitamos pararnos y reencontrarnos con el sentido profundo de nuestro yo. Al encontrarnos con nosotros mismos también nos encontramos con Dios, pues es a través de la conciencia, de nuestros sentimientos y pensamientos donde Dios se nos hace presente. “Hemos sido creados a su imagen y semejanza”, y en nosotros está Él. Por eso el tiempo que la Iglesia nos regala en el Adviento, o el tiempo de la Cuaresma y en la cincuentena Pascual son tiempos litúrgicos propicios para hacer un retiro espiritual. También es muy recomendable una vez al año apuntarse en una tanda de Ejercicios Espirituales, una semana o unos cuántos días, en donde la dinámica del silencio, de la meditación y de las celebraciones litúrgicas te van llevando a ese encuentro personal con Dios.

Existen muchas ofertas que desde las Parroquias, el Arciprestazgo y la Diócesis de Málaga presentamos año tras año a la gente de nuestras comunidades cristianas. Por un lado en los días de retiro parroquial, tanto en Adviento, como en Cuaresma, intentamos sacar un día de reflexión en el entorno axárquico de la naturaleza en Trayamar, paisaje de flora y de mar, en donde se consigue un contexto propicio para el encuentro con Dios; pasear, sentarse en algún rincón, centrar tu mirada en el Sagrario, buscar una silla cómoda y leer en clave de meditación la Palabra de Dios.

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