Revista Todo
amanoMe sorprendió gratamente una escultura de bronce enclavada a ras del suelo en la puerta del Colegio de Ntra. Sra. de la Piedad, en la plaza de Cañas en la ciudad de Córdoba. Se trata del Rvd. Padre Cosme Muñoz, sacerdote que está en proceso de beatificación, que nació en 1753 en el pueblo de Villar del Río, Soria y es el Cofundador del Instituto religioso de las Hijas del Patrocinio de María, congregación religiosa que nosotros conocemos al encontrarse una Comunidad de Hijas del Patrocinio en el Colegio de San José en Vélez-Málaga; también en otros tiempos esta Comunidad Veleña regentaron un Asilo de ancianos.

Te describo la escultura del Padre Cosme: un sacerdote ataviado con sotana y acompañado por dos niñas, a una la lleva agarrada de su mano y la otra, es una niña más pequeña que la lleva apoyada en su brazo, esta niña juega con un muñeco de trapo. Lo primero que se me vino a la cabeza es la imagen de un buen padre que cuida, protege, juega y da la misma vida entera por sus hijos, y todo esto lo hace por amor, se consume día a día por amor a ellos y esto es un amor verdadero.

El rostro de la escultura del Padre Cosme expresa una sonrisa fruto del interior del corazón, pues el que sirve y se entrega por entero al prójimo debe hacerlo con alegría. Y esta fue una constante en la vida del Padre Cosme, servir al Señor con alegría y dedicarse con esmero y cariño al cuidado de las niñas huérfanas. Fue un hombre avanzado en su época y al igual que todos los grandes santos de la Historia de la Iglesia, no le faltó zancadillas y retractores que calumniaban su obra, al no entender su entrega y dedicación.

En la vida de todo niño o niña que quedan huérfano necesitan encajar esta triste situación y es por ello que necesitan una dedicación mayor, pues de la protección, del cariño y la entrega todos los seres humanos requerimos estas atenciones. Aquellos que carecen de padres y madres debemos de ofrecerle ese amparo, ese amor maternal y paternal, y esa protección que todo niño necesita para su crecimiento humano y espiritual.

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amanoDios tiene siempre preparado un sitio en la Mesa celestial para cada uno sus hijos, seamos como seamos, y así debemos ser los unos para los otros, darnos siempre cabida, acogernos, no separar ni dividir, sino sumar y en todo momento esperar florecer pero no desde mis medidas y cálculos, sino desde la eterna paciencia y constancia que Dios Padre posee con todos los seres humanos, y conmigo también. Aunque nos ha preparado un lugar en la Mesa celestial, aquí también en la tierra nos da a cada uno un lugar único e irrepetible.

El título de este artículo puede ser un poco confuso, pues no es que sólo seamos ocho y no haga falta nadie más, no sería una actitud cristiana de hombres y mujeres de fe. El título corresponde a la Experiencia de Oración que tuvimos en el Monasterio de Sta. María de las Escalonias en Hornachuelos (Córdoba), ocho miembros de la Comunidad parroquial de Sta. Mª de la Encarnación y San Juan Bautista de Vélez-Málaga, que aprovechando las fiestas de la Feria de San Miguel en Vélez-Málaga y coincidiendo que durante el fin de semana no teníamos fechado ni bodas, ni bautismos, quedando solamente la Misa del Domingo que un compañero sacerdote presidiría, pudimos hacernos hueco en la agenda de la Hospedería del Monasterio y así telefoneamos a principios del mes de septiembre y nos dieron acogida en seis habitaciones que tenían libres. Han sido dos días intensos de retiro, de meditación, de diálogo con Dios, también de descanso, por qué no decirlo, pues hemos aparcado las actividades cotidianas, laborales, familiares y pastorales para estar con el Señor en su presencia y también para compartir el ritmo de la Oración litúrgica con los Hermanos Cistercienses y con estos citados “ocho” miembros de la Comunidad.

Una vez que anunciamos en la Comunidad Parroquial que veníamos a hacer esta experiencia de Retiro en grupo, hubo muchas reacciones por parte de la gente con la que vivimos y a los que queremos. Unos decían, que no íbamos a aguantar en silencio con lo parlanchines que somos, otros se ponían las manos en la cabeza por tratarse del tiempo de la Feria de San Miguel, otros nos envidiaban sanamente y algunos nos aportaban muchas peticiones y súplicas para que intercediéramos ante Dios por ellos. En la Parroquia en la Oración Comunitaria de Adoración al Santísimo, que tenemos todos los Jueves del año por la tarde, anunciamos a la feligresía que íbamos a tener esta Experiencia de Oración y de Retiro un pequeño grupo y desde la simpatía y buen humor yo explicaba que íbamos los pesos pesados de la Parroquia, pues todos juntos sumábamos más de 600 años, pensamiento que me brotó espontáneamente y que hizo que todos los hermanos se rieran de mis ocurrencias.
Pues los ocho basta nos disponíamos a adentrarnos en esta experiencia como grupo, tres de los ocho ya habíamos venido a este santo lugar y de los tres, dos de ellos suelen venir con mucha frecuencia a llenarse del Señor, a vaciarse de los criterios y pasiones del mundo, para acoger y rebosar la gracia de Dios que siempre se nos regala cuando el alma con limpieza de corazón y humildad busca curarse y fundamentar sus principios y actitudes adentrándose en su Misterio.

Y desde el cariño y sin descifrar los nombres, desde la caridad y el respeto a cada uno de ellos, pues a todos los admiro y aprendo de sus vidas entregadas y algunas gastadas de amor al prójimo en la Comunidad Parroquial, doy algunas pinceladas. Por lo tanto, todo lo que digo, lo expreso desde mi corta visión, y seguro que son aspectos que no definen a la persona, pues cada persona es muchísimo más de aquello que yo pueda decir. Pero con estas florecillas de cualidades y actitudes positivas quiero presentarle al Señor un gran ramillete llamado con ocho basta que podrían tratarse de las cualidades ideales que hacen falta en la Parroquia y que entre unos y otros tenemos que crearlas para así construir juntos la Comunidad, reflejo en la tierra de lo que es el cielo. Así de sencillo y directo os presento a los ocho.

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amanoLa palabra jubileo nos invita a una exaltación de la alegría por un motivo concreto. Saltar de gozo, danzar sonriente y vivir agradecido ante Dios por que su misericordia es eterna y nos ha visitado a nosotros, tan necesitados de su perdón y de su compasión. Es una nueva oportunidad la que Dios nos concede celebrar este Jubileo de la Misericordia en este curso 2015-2016, pues es más grande su gracia y su perdón que nuestros pecados y fallos. Dios siempre se acerca a nosotros y entabla con nosotros un cercano diálogo empapado de ternura, compasión y misericordia. Celebrar este Jubileo en toda la Iglesia es decirnos a nosotros mismos y también publicar ante toda la sociedad mundial, que Dios nos perdona, que Dios nos reconcilia, que Dios nos hace ser nuevas criaturas cada vez que nos abrimos a la Gracia del perdón y recibimos ese abrazo misericordioso del bueno de Dios, ese Padre que tanto cuida de nosotros y siempre deja su puerta entreabierta, pues nos quiere y sueña con la alegría de vernos aparecer y celebrar junto a nosotros nuestro arrepentimiento sincero y nuestra vuelta a su Casa.

Nos dice el Papa en la Bula Misericordiae Vultus nº 10, que la experiencia del perdón se desvanece cada vez más en nuestra cultura. Ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón. Es el tiempo de retornar a lo esencial, para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos. El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza. Por eso, continúa diciendo que el Jubileo tiene razón de ser “porque la Iglesia, en este momento de grandes cambios históricos, está llamada a ofrecer con mayor intensidad los signos de la presencia y de la cercanía de Dios. Es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre. (Papa Francisco, Homilía en la celebración del segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, Vaticano,11-04-2015). Es un año muy especial que todos los cristianos tenemos que aprovechar e invitar a otros hermanos nuestros no católicos a que se acerquen al Dios Padre Misericordioso. Ahí, los sacerdotes tenemos una especial misión de crear espacios de reconciliación, animando a todos a reconciliarse, a ofrecer con humildad y amor a los fieles que lo deseen el perdón de los pecados en el Sacramento de la Reconciliación o Penitencia, haciendo del mismo un lugar de la ternura de Dios.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Mateo 5, 7. Misericordia con uno mismo, Misericordia con mi prójimo, Misericordia con el lejano y con el cercano. Misericordia con el terrorista, el maltratador, el violador, el estafador, el calumniador, el hipócrita, el traicionero, el falso, el enemigo… Misericordia es el lema de este año y es uno de los atributos más íntimos de Dios, manifestado en el rostro visible de Jesucristo. Misericordia con los más pobres de la tierra a los que servimos con paciencia y dedicación; pues el amor, como la misericordia en que se expresa tiene por destinatarios principales a los más pobres, como nos recuerda una y mil veces nuestro Papa Francisco. La misericordia ejercida con los pobres es considerada por el Señor como hecha a él mismo: conmigo lo hicisteis. Mateo 25, 31-46. Este año de la misericordia estamos llamados todos a acrecentar nuestro compromiso con los necesitados, especialmente a través de las instituciones eclesiales de caridad, como Caritas o Manos Unidas. (Nos dice nuestras Prioridades Pastorales de la Diócesis de Málaga en el Curso 2015-2016).

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amanoTe cuento…, dicen muchos que los milagros no existen, y yo les digo, remitiéndome a los Santos Evangelios, muchos más signos y milagros hizo Jesús que si se escribieran en un libro no cabrían. Juan 21,25.

Y te invito a contemplar conmigo con discreción y sin dañar la dignidad y privacidad de cada ser humano, un ramillete de milagros que brotan día día por el suelo de las calles del corazón de los vecinos veleños. Una niña y su hermano han sido apadrinados por una voluntaria de la Comunidad que intenta cuidar de ellos visitándolos y dedicándoles algo de tiempo en estas agendas escasas que tenemos, algunos fines de semana se lleva a los niños a su campo y pasea y juega con ellos. Un hombre anciano cada viernes es visitado por otras voluntarias que le ofrecen un zumo, una fruta fresca, lavan sus pies enfermos y limpian su cama con tal esmero, como si de un niño recién nacido se tratara. ¡Cómo no mencionar a otra voluntaria que cada vez que hay una fiesta, una onomástica, un cumpleaños…hace un bizcocho bien jugoso para que esa familia también tenga algo especial para festejar esos días tan señalados!

Existen cuatro hermanillos, todos muy pequeños, que viven en tan sólo una habitación junto a sus padres; el mobiliario de su casa es reducido: un sillón de tres plazas, una mesa pequeña, dos sillas, dos literas, una nevera sin congelador y un hornillo pequeño. Esta familia también recibe visitas del voluntariado y siempre son gratificados con un beso, una sonrisa, un helado o unas chucherías. Tenemos a un muchacho africano que llegó de su país de aquella manera y se le buscó un pequeño piso compartido con otras personas para que saliera hacia delante; va trabajando con dificultades y abriéndose camino en esta situación tan nublada del mundo laboral, social y económico que estamos padeciendo. Por las noches, cuando las familias se encuentran en sus casas, sale un carro de la compra cargado de pan que nos facilitan panaderías anónimas para que el voluntariado los reparta, se trata de un pan bendito. Tenemos también a una voluntaria que lo que ofrece cada semana son sus ojos para mirar atentamente a las personas que vienen derrotadas y ofrecer sus hombros para que descansen en ellos y puedan compartir secretamente las lágrimas y las fatigas que acumulamos debido a los problemas, dificultades, corajes e impotencia que sentimos en el interior del corazón. ¡Y no creáis que es fácil encontrar una persona con la cuál poder llorar abiertamente y ser complacido con una escucha sonora y unos ojos abiertos y atentos sin parpadear!

¿Quién dice que los milagros no existen?
¿Quién dice que el amor y la generosidad de las buenas personas no viven entre nosotros?
¿Quién dice que Dios se ha olvidado de su pueblo y de sus necesidades?
¿Quién dice que la fe no mueve montañas?
Siempre encontramos una puerta que nos abre la solución de muchos conflictos, aunque también es verdad que no se solucionan al cien por cien los problemas, pero se suavizan sí, con mucha misericordia, compasión, escucha, ternura, amabilidad y acogida, y esto para mí es un milagro, es una manifestación de Dios.

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amanoMás allá del espacio en que habito, por encima del mundo que me alberga, hay algo que me mueve a lo infinito, algo que me hace levantarme de esta tierra…pregonaban los cantautores Alberto y Emilia en mis años de adolescente cuando vivía en Ronda y participaba en los grupos cristianos en el Colegio de la Inmaculada y San José de la Montaña, donde felizmente creo que recibí una buena educación humana, religiosa y social de la que me he beneficiado en numerosísimas ocasiones y la que sigo desarrollando hoy día desde mi vocación de sacerdote, aunque siempre me digo a mi mismo que soy persona, luego un bautizado más y luego un sacerdote más de la Diócesis de Málaga, de la que me siento muy orgulloso de pertenecer y en la que soy feliz siendo párroco de un pueblo.

Cuando me dispongo a escribir este artículo tengo en mis entrañas el corazón encogido y me faltan palabras para expresar mis sentimientos y mi opinión sobre el mundo que Dios ha creado, mundo sin fronteras, universal y fraterno para todos sus hijos. Por eso siento vergüenza al ser cómplice, en cierta forma, del desbarajuste que sufren los pueblos servios en este gran éxodo provocado desde la sinrazón, el egoísmo y el deseo de gobernar la humanidad con las herramientas del capital, del poder y del afán de dominar al otro. Cualquier ser humano sea creyente o no, cualquier persona con un mínimo de inteligencia y de razón al contemplar las imágenes que los informativos nos muestran queda impactada y en estado de shock ante la tragedia humana de peregrinos que andan sin saber a donde ir, caravanas humanas, trenes y autobuses repletos de personas que gritan, que lloran, con sus miradas perdidas e inundadas de miedo y asustadas al no saber a donde van y cuando podrán encontrar y vivir en paz y en dignidad con el resto de sus familiares.

Estas imágenes divisadas desde el televisor o estampadas y reproducidas por Internet me han recordado las Guerras Mundiales o las Guerras Civiles que estudiábamos en el Colegio y en el Instituto, que causaron terror e intensa y eterna tristeza en muchas naciones, algunas de ellas todavía no recuperadas. Claro está, que si analizamos el globo terráqueo y nos vamos parando en los distintos países, sobre todo, asiáticos, latinos y africanos descubrimos que existen países, pueblos y pueblecillos que llevan viviendo conflictos bélicos más de treinta años y todavía no han mostrado signos de paz, de diálogo y de reconciliación, sabiendo que de generación en generación, se trasmite y así pasa de padres a hijos y de hijos a nietos las disconformidades, las actitudes y posturas encontradas y divididas casi hasta la eternidad.

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