Revista Todo
amanoLa disfagia es un trastorno que se corresponde en resumidas cuentas con un cuadro de síntomas que se basan en la dificultad o imposibilidad para tragar alimentos o incluso la propia saliva.

Nuevamente, estamos ante un trastorno en el que la figura del logopeda es muy importante. La reeducación alimenticia y del acto deglutorio es la base de nuestro tratamiento.

Los signos y síntomas que suelen estar asociados con disfagia son: dolor o imposibilidad de tragar, sensación de restos de comida en la garganta o en el pecho, babeos, ronquera, regurgitación hacia la garganta, ardores de estómago frecuentes, pérdida de peso, tos o asfixia al tragar; se pueden dar todos o combinación de varios.

La disfagia puede tener múltiples causas:

Enfermedades de la cavidad bucal.
Enfermedades del esófago o faringe, tumores en esófago, faringitis.
Enfermedades neurológicas o ictus.
Infecciones.
Enfermedades neurodegenerativas (esclerosis múltiple, Parkinson).
Hernia diafragmática (hernia de hiato).
Aspiración de cuerpos extraños.
Demencias.
Causas psíquicas como, por ejemplo, una aerofagia o el cuadro denominado clásicamente “globo histérico”, en el que los afectados tienen la sensación de tener un “nudo en la garganta”.

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La terapia logopédica tiene múltiples variantes y posibilidades, pues como hemos hablado en artículos anteriores, cada caso es diferente y necesita una programación de tratamiento adaptado y amoldado a las necesidades que se presenten.

Inicialmente lo habitual es establecer sesiones individuales destinadas a la entrevista inicial, en la que recogemos datos junto con los familiares de la problemática y nos acercamos al caso para conocerlo en su profundidad. Una vez superado este escalón pasamos a la evaluación del paciente que también se realiza de forma individual para posteriormente, analizando nuestros juicios clínicos basados en los datos que hemos obtenido de la evaluación, llega el momento de decidir y de informar o aconsejar sobre la terapia que puede ser más conveniente en cada caso. Generalmente las sesiones son individuales al comienzo de la terapia para obtener resultados rápidos e individualizados, después observamos la evolución y características del caso pudiendo optar por un tratamiento que puede pasar a ser grupal conservando los mismos beneficios que uno individual o incluso más.

Los tratamientos grupales deben estar enfocados a una mejora progresiva, con un grupo con características similares que se complementen de tal forma que las actividades y pautas sirvan para todos sus integrantes. El grupo no debe de ser excesivo en pacientes pues es aconsejable trabajar con grupos reducidos y mantener el nivel de alerta y tratamiento lo más enfocado posible a cada integrante sin descuidar ningún detalle durante la sesión.

El tratamiento individual se ve reforzado cuando la problemática del lenguaje se encuentra en un estadio inicial en el que debemos centrar nuestros esfuerzos para el progreso. Una vez vemos avances estables, debemos ayudar al paciente para generalizar los aprendizajes y es en una terapia grupal donde podemos observar esto en su plenitud ya que existe una interacción entre sus integrantes que les obliga a poner en práctica los conocimientos y áreas trabajadas para ser reforzadas. Además, puede resultar más atractivo y ameno un tratamiento con más personas.

La terapia grupal es muy positiva pero exige un mayor nivel de observación y análisis pues estamos evaluando a varios pacientes que deben poner en práctica sin llegar a solaparse unos con otros lo que han aprendido. Todos deben trabajar e interactuar equitativamente.

La elección es muy subjetiva pero los resultados deben de ser totalmente objetivos. Puede ser tanto positivo como negativo si descuidamos la programación o la atención en las sesiones. Exige mucha responsabilidad y profesionalidad por parte del terapeuta, dedicar el mismo tiempo a todos y trabajar con todos sus integrantes para que todos se vean satisfechos sea cual sea su situación. La terapia individual también requiere de múltiples cualidades profesionales y es el paso más importante porque es la base para poder generalizar y poner en práctica en otros ambientes lo que en la terapia individual hemos inculcado al paciente.
Las personas no siempre tienen un lenguaje oral y este hecho hace que como logopedas, tengamos que buscar y asesorar personalmente sobre los medios de comunicación alternativos que sean más convenientes para solventar esa necesidad de comunicación, esa imposibilidad oral de total transmisión de deseos, necesidades, sentimientos, etc. a otros seres humanos.

Arrojando algunos datos, sabemos que alrededor del 25% de los niños con autismo no son verbales, es decir, no poseen un lenguaje oral. En otras patologías como las afasias en las que se ve afectada la capacidad articulatoria, deficiencia auditiva o la parálisis pueden verse una deficitaria comunicación oral, por lo que tenemos que recurrir a sistemas de comunicación aumentativos (para aumentar las posibilidades de comunicación) o alternativos (cuando no existe una posibilidad propia que permita comunicarse y dependen de otros métodos). Estos sistemas para el son un apoyo o alternativa a la misma.

También conocidos como SAAC (Sistemas Aumentativos y Alternativos de Comunicación) se basan en pictogramas (tarjetas con iconos o imágenes que bien pueden ser dibujos o imágenes reales), muy conocido es el sistema PECS, comunicadores digitales, agendas, lenguaje con signos, palabra complementada, gestos, etc.

Uno de los grandes deseos de las familias es que los niños o sus adultos tengan un lenguaje oral. Porque aunque la comunicación no siempre está ligada al lenguaje oral, el avance en esta área desarrolla también otras que fomentan la capacidad humana de autonomía así que una madurez generalizada favorece una mejor dicción o facultades comunicativas.

La correcta adquisición de lenguaje verbal en niños o niñas suele ser un muy buen indicador de la progresión evolutiva, así como los hitos y logros dentro de los márgenes temporales pautados para cada edad. Sería conveniente entrenar desde pequeños en sistemas que potenciasen el nivel motor y auditivo, es por ello muy importante, que los niños puedan adquirir la capacidad de la comprensión correcta del lenguaje para mejorar en otras áreas que están íntimamente relacionadas como hemos mencionado anteriormente.

Existen terapias facilitadoras para potenciar lenguaje que se basan en la combinación de una entonación determinada acompañada por el sonido de un par de tambores o palmas para marcar el ritmo, de esta forma se facilita el mapeo audiomotor. Esto es muy similar al sistema que usan los bebés en su adquisición del lenguaje. Este sistema de aprendizaje de patrones de palabras activa las regiones cerebrales involucradas en los aspectos visuales, auditivos, motores y representaciones mentales

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amanoAunque normalmente asociamos la labor del logopeda a edades tempranas, es bueno recordar que intervenimos en todas las edades, en trastornos del lenguaje y comunicación que afecten a la población infantil, adulta o en la ancianidad. Y hoy me centraré en este último grupo y en una enfermedad que padecen ellos y afecta a todos los que están alrededor.

El alzhéimer es una enfermedad de carácter neurológico y progresiva. Afecta al cerebro produciendo la muerte de las neuronas, lo que conlleva a un deterioro de todas las funciones cognitivas, tales como memoria, lenguaje y percepción. Actualmente la sufren gran cantidad de personas mayores y con una población que tiende a envejecer nos encontramos con multitud de casos. La característica principal, es la pérdida de memoria y es en esta área donde el logopeda centra sus esfuerzos.

Desgraciadamente a día de hoy no existe cura, pero sí que podemos aportar un tratamiento que frene el empeoramiento de la enfermedad que, combinado con diversas terapias consigan unos resultados eficaces. Tales terapias abarcan musicoterapia, refuerzo de las capacidades cognitivas, de memoria, de atención, habilidades motrices, etc.

Dicha demencia afecta al lenguaje, acarrea fallos en el discurso y comunicación, con pausas muy prolongadas o anomalías en la prosodia o entonación del discurso entre otros aspectos. Los órganos que por general sufren un deterioro más prematuro o avanzado suelen ser la vista y el oído.

El trabajo debe ser rutinario y es bastante extenso: a nivel orientativo, de memoria, cognitivo y sensorial. Cada cierto tiempo es importante evaluar al paciente para averiguar qué áreas han sufrido mayor deterioro y cuales siguen conservadas. No podemos fijar una cronología o un límite temporal de la terapia debido a las características de esta enfermedad, por lo que se empieza junto con los primeros síntomas de demencia (cuanto antes intervengamos mejor) y se prolonga lo máximo posible para acompañar el proceso de la enfermedad intentando estimular, preservar las áreas y frenar el deterioro cognitivo.

Trabajar con este tipo de pacientes es una labor muy gratificante, pero también de mucha paciencia y entereza, pues no todos los días son iguales y a veces más que como terapeuta debemos actuar como un apoyo emocional que ayude a la persona a seguir el tratamiento ya que en ocasiones nos enfrentamos a días de menos ánimo.

Una constancia, un apoyo por parte de toda la familia, amigos y de nosotros mismos son la base de la intervención.
Una de las cosas que más curiosidad me suscita de mi profesión es la disposición y funcionalidad de las áreas cerebrales. El estudio de este órgano esencial para nuestra existencia es algo que nunca dejará de sorprendernos pues su complejidad es tal que resulta imposible averiguar su funcionamiento con total precisión. No hay dos cerebros iguales, como tampoco hay dos personas exactamente idénticas y se ha evolucionado tanto en la historia del ser humano que ni siquiera podemos intuir hasta donde conseguiremos llegar ni cuales son nuestros límites cognitivos.

Hasta la primera Guerra Mundial se sabía muy poco sobre las funciones y áreas de la corteza cerebral, pero en esa época, soldados con heridas de bala en pequeñas zonas del cerebro fueron estudiados en busca de cambios funcionales cerebrales. Hoy en día sabemos que el cerebro se divide en dos hemisferios (derecho e izquierdo). Las personas diestras desarrollan más el hemisferio izquierdo y las personas zurdas el hemisferio derecho. Y se divide también en cuatro lóbulos que coinciden con las fisuras que marcan el cráneo humano (frontal, temporal, parietal y occipital).

El hemisferio izquierdo del cerebro es el responsable de nuestras capacidades lingüísticas, numéricas y lógicas y el hemisferio derecho está especializado en facultades no verbales como los sentimientos, las capacidades artísticas, el pensamiento y procesar las informaciones de los sentidos.

Pero además de la división hemisférica física que existe, el cerebro se podría organizar como un mapa con distintas áreas en las que cada una se especializa en determinados aspectos. Por ejemplo; la zona frontal del cerebro mantiene funciones motoras de coordinación de movimientos, de pensamiento y personalidad mientras que el área sensitiva encargada de aspectos como el dolor, la presión, tacto, temperatura…la podemos encontrar en el lóbulo parietal. El área encargada de la visión estaría ubicada en el lóbulo occipital; el área de la memoria reciente junto con la audición se encuentra en el lóbulo temporal (que coincide a la altura de los oídos) y el lenguaje en el área prefrontal. Más concreto en las llamadas áreas de Broca y Wernicke (nombre que reciben gracias a sus descubridores como suele pasar).

Numerosos estudios han revelado la importancia de la estimulación durante la etapa de gestación para el desarrollo del lenguaje y el aumento de capacidades de aprendizaje. Y es que nuestro cerebro comienza su desarrollo en la etapa prenatal y es hasta la infancia cuando más plasticidad neuronal tiene, por lo que los aprendizajes serán mucho más rápidos y efectivos si sabemos aprovechar estas capacidades tempranas.
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