Revista Todo
Hoy hablamos de la tartamudez evolutiva, o fisiológica, también denominada disfemia. Suele estar presente en muchos niños en edades comprendidas entre los 2-4 años aproximadamente, y ocurre entre otros motivos, porque los niños están en pleno desarrollo de su lenguaje gramatical y/o narrativo, y su sistema lingüístico se encuentra “saturado” por decirlo de una forma clara y sencilla.

Son muchos los padres que se preocupan cuando ven en sus hijos episodios de tartamudez durante un periodo de tiempo más o menos continuo, lo que es lógico si se entiende que un gran temor a estas edades puede ser que se conviertan en objetos de burlas o bromas en el colegio por sus demás compañeros si existen este tipo de alteraciones. Por desgracia, los niños son a veces los peores aliados en estas dificultades transitorias del lenguaje.

La verdad es que lo mejor que podemos hacer es NO HACER NADA. La explicación está en que por lo general es una fase pasajera. Sobre todo es preferible no mostrar preocupación ante el niño, no interrumpirle ni decir frases del tipo “tranquilo”, “a ver, repite de nuevo” o “puedes hacerlo mejor”.

La tartamudez evolutiva puede durar días, semanas o meses, y hasta prolongarse a los 6-7 años. Va a depender del niño y/o de su entorno.

Según expertos en tartamudez, hasta la edad de los seis años no conviene hacer un tratamiento enfocado directamente al niño. La intervención va dirigida a los padres, fundamentalmente para que aprendan a no prestar atención a los momentos en que el niño tartamudea y sepan cómo actuar; para ello se les ofrece unas pautas.

Es importante seguir las siguientes pautas: Evitar hablar de la tartamudez del niño cuando esté presente, aunque parezca que no está prestando atención a lo que decimos; hablarle frecuentemente de una forma sencilla, fluida y sin excesiva rapidez; enriquecer su vocabulario contándole hechos y explicándoles imágenes, además de darle oportunidades constantes para que se exprese y nos cuente cosas del tipo lo que ha hecho en el colegio, lo que ha pasado en el capítulo de sus dibujos favoritos, etc.

Es muy positivo que se sienta escuchado, no tenemos que hablar por él.

También es importante no hacerles repetir o acabarle las frases cuando ha tartamudeado, evitar bromas, burlas, enfados y/o castigos por su forma de hablar.

Si aun así la tartamudez persiste, se seguiría una metodología de trabajo distinta por parte del profesional y la familia, encaminada a otro tipo de técnicas reductoras o de extinción de la disfluencia.
Cuando los niños empiezan su andadura en el camino de aprender el lenguaje oral, cada uno lleva su propio ritmo, esto es un hecho inevitable y que muchos padres sabrán si han observado hijos de familiares, vecinos, amigos, o los suyos propios. Dentro de unos plazos que generalmente son comunes, pero unos antes que otros nos encontramos con casos que como el niño que directamente anda sin pasar por la fase del gateo; el que comienza a hablar tras un largo período de silencio y lo hace bastante mejor de lo que esperábamos etc. Los niños no paran de sorprendernos, sobre todo desde el año y medio a los tres años que es cuando más se nota este cambio en su vocabulario.

En torno al año comienzan ese balbuceo característico que más tarde irá tomando forma de palabras y no será hasta los 18 meses aproximadamente cuando éstas palabras comiencen a aparecer (recordamos que estos datos son una media, ya que existen casos en los que empiezan antes y otros más tarde). Con dos años puede decir frases de dos o tres palabras y alcanzados los tres años hacen preguntas, frases de tres o más palabras y empieza a hacer uso de más verbos y estructuras gramaticales. Digamos que empiezan a perfeccionar su lenguaje.

No todos comienzan igual, muchos además de este silencio del que hablaba, pasan por fases de tartamudez transitoria que es meramente un aspecto más que delata la etapa de cambio en la que se encuentra, u otros que comienzan hablando mucho, tienen un “parón” y después prosiguen con su desarrollo normal del lenguaje. Debemos prestar mucha atención si notamos que su vocabulario no va en aumento, si mastica con dificultad, si presenta babeo o mala oclusión dental, respira con la boca abierta o tiene la lengua demasiado adelantada al tragar…

Por supuesto cada edad tiene sus propias metas pero ante cualquier signo que nos parezca extraño podéis consultarnos sin ningún temor.

Hasta una edad aproximada de 7 años podemos decir que el lenguaje de un niño está aún en desarrollo.

El lenguaje en el ser humano es lo que nos diferencia del resto de seres vivos, es un proceso que ha evolucionado a lo largo de la historia y es nuestra herramienta más poderosa para comunicarnos, pero el lenguaje no siempre es oral; también tenemos un lenguaje escrito y un lenguaje gestual. La combinación de todos ellos o cada uno por separado debe darnos el apoyo suficiente para ser seres comunicativos, y esta tarea empieza desde muy pequeños y se puede decir que la perfeccionamos durante toda nuestra vida.

Nuestro entorno juega un papel fundamental en el desarrollo del lenguaje, cuidarlo y estimularlo lo mejor posible es tarea de todos los cuidadores y educadores, estando alerta, también ofreciendo nuestro apoyo y disfrutando de cada momento y cada logro.
Normalmente los logopedas acudimos constantemente durante nuestras intervenciones con los pacientes a ejercicios bucofonatorios que estimulan toda la zona perioral que interviene en el proceso articulatorio del habla.

Estos ejercicios se llaman “praxias” y están compuestos por movimientos y estimulaciones de diferentes órganos protagonistas del acto del habla como son los labios, la lengua, el paladar, los mofletes, los dientes, el cuello etc. Se suelen realizar frente a un espejo para que el paciente sea consciente de sus movimientos y se le facilite la tarea.

La variabilidad de cada ejercicio es enorme, y el tiempo aproximado de ejecución varía generalmente de 2 a 6 minutos aproximadamente así como su intensidad, que también depende de la patología o zona de afectación del paciente. Estos ejercicios están perfectamente indicados para personas de todas las edades ya que se pueden adaptar fácilmente según el caso. Se pueden realizar tanto individualmente como en grupo, eso sí, de forma organizada y siempre supervisada por el profesional para hacerlos de forma correcta.

Estas actividades son mucho más llamativas para los niños si usamos tarjetas con posiciones de los órganos que nombrábamos anteriormente (labios, lengua, dientes, paladar etc) ilustradas en sus personajes o dibujos animados de moda. Además, los logopedas solemos acudir a técnicas para atraer su atención como las historietas, cuentos o canciones en los que siempre tenemos que realizar los movimientos según se nos va indicando; como la historia de la señora lengua que sale de su casa (la boca) y mira hacia un lado y hacia el otro (movemos la lengua de derecha a izquierda). La cosa está en saber basarse en estrategias divertidas para los niños y por supuesto echarle imaginación.

Pese a que para muchos parezca algo simple y sin mucha efectividad, las praxias son unos ejercicios básicos y bastante recomendables para hacerlos también en casa porque su importancia es mayor de la que aparenta.

Las praxias tienen muchos beneficios porque ayudan a la maduración y agilidad de los movimientos orofaciales, refuerzan la musculatura implicada en el habla y son muy recomendables en una gran cantidad de casos como dislalias, inmadurez orofacial, retraso del habla…

¡Así que no lo dudes y convierte las praxias en un juego más!

Rehabilita, fortalece y divierte.
Es común que a veces notemos resentida nuestra voz, llegando a pasar por un estado de disfonía o disminución temporal de la voz que no suele durar más allá de unos días o en ocasiones incluso horas.
Las causas pueden ser muy variadas. Esta disminución de nuestra calidad de voz puede darse por circunstancias tales como el haber pasado una época de estrés o sobrecargas emocionales, por anomalías orgánicas en nuestro propio cuerpo; como consecuencia de muchos trabajos que obligan a un sobre esfuerzo en las cuerdas vocales como son la docencia, la locución de radio, el periodismo…

Podemos reducir e incluso eliminar la fatiga vocal siguiendo algunos consejos que se ofrecen en el artículo de hoy y que serán muy útiles y simples. Se consideran recomendaciones básicas:
-Evitar hablar en voz muy baja. Cuando cuchicheamos, las cuerdas vocales realizan un sobre esfuerzo. Unido a esto podemos agregar algo tan sencillo y lógico como no gritar (por el mismo motivo). Asimismo es bueno evitar el carraspeo; daña las cuerdas vocales y puede inducir a carraspear y toser con más frecuencia. Cuando se sienta esta necesidad, mejor tragar saliva o beber líquidos.

-No es recomendable hablar demasiado rápido y sin hacer pausas. Es necesario tener un correcto patrón respiratorio, inspirar correctamente y expirar con un ritmo y coordinación adecuados. Intentar no hablar durante largos periodos de tiempo en lugares ruidosos salvo cuando no quede más remedio, entonces hablaremos enfrente del interlocutor, articulando exageradamente, hablando más despacio y con menor volumen del habitual. Cuando por el trabajo hablamos durante periodos prolongados debemos planificar algunos espacios en los que permanezcamos en silencio para que el aparato fonador pueda descansar.

-Evitar locales cerrados y excesivamente climatizados aunque esto no siempre sea fácil y utilizar sistemas de amplificación cuando hablemos frente a un grupo de personas.

-Beber líquidos en abundancia para tener bien humidificadas las cuerdas vocales además de evitar el tabaco, el exceso de cafeína, picante, especias, grasa, alcohol y todo aquello que pueda acarrear reflujo gastroesofágico. El motivo es que el reflujo es ácido y daña las cuerdas vocales.

-Lo más reparador para la voz sin duda es un buen descanso, cuando no podamos dormir las horas necesarias es bueno buscar tiempo para practicar ejercicios de relajación o actividades tranquilas.
Cierto es que es difícil poder llevar a cabo todos estos consejos, pero seguro que siguiendo la mayoría de estas recomendaciones, veremos reducidos los periodos de disfonía. Cuando la disfonía o los problemas con la voz son frecuentes o persisten aún siguiendo estas pautas, acudir al especialista será la opción más recomendable.
Llegan las navidades y los regalos para los más pequeños. Elegir el juguete perfecto no es tarea fácil, pero en relación con el desarrollo del lenguaje hay bastantes ideas; aunque por lo general casi cualquier juguete puede estimular el lenguaje si se utiliza adecuadamente con ese fin.

Quizá no sepas que hay juguetes que pueden estimular el lenguaje, por lo que si tienes un niño pequeño con dificultades en el habla, se puede aprovechar este momento para comprar determinados juguetes que pueden ayudarle.

En el caso de que exista una mala pronunciación en el pequeño (habla mucho pero no se le entiende apenas), deberemos fomentar la parte fonético –fonológica. ¿Y qué juguetes son idóneos para conseguir esto? Instrumentos musicales como una flauta o una armónica estimulan que el niño sople, un pompero (teniendo en cuenta la edad) o un molinillo, todos los juegos de soplo en general harán el mismo efecto. Con las canciones conseguiremos que el niño mejore su entonación y coordinación de tiempos, por lo que sería una idea genial regalarles un disco de su música preferida o canciones populares infantiles.

En cambio si el caso es que tu hijo tiene poco vocabulario, poco “contenido” en el lenguaje, podemos regalar cuentos o libros de historietas. Para niños muy pequeños es preferible cuentos en los que en cada página haya una imagen a poder ser una fotografía con fondo blanco para que los niños se centren únicamente en lo que se les está denominando. Estos cuentos pueden ser de diferentes temáticas: animales, ropa, partes del cuerpo, instrumentos, vehículos, alimentos… Existe gran variedad de cuentos de este estilo en el mercado. Para niños un poco más mayores son interesantes cuentos en los que las ilustraciones están llenas de acción y personajes y se mezclan más acciones (TEO es una buena opción) podemos jugar a que el niño nos explique lo que está pasando. Los libros de tela, cartón o plástico con imágenes sencillas que puedan ser identificadas por el niño o con texturas y/ o sonidos son también una muy buena alternativa para los más pequeños debido a la estimulación táctil y sonora añadida.

» Leer Más ...

«Anterior | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | Siguiente»