Estudiar psicología es algo maravilloso, ya que aprendes a conocer cómo funciona la mente del ser humano. Esto te ayuda a conocerte mejor y también te ayuda a desarrollar una mayor empatía hacia las personas que te rodean. Además, la psicología te enseña que los seres humanos, a pesar de ser todos muy diferentes, tenemos ciertas similitudes que explicarían nuestros comportamientos y también el por qué nos deprimimos o sufrimos ansiedad, por ejemplo.

Además, es muy interesante comprobar cómo podemos ser de una manera muy determinada a nivel individual, pero cuando estamos en grupo el ser humano suele sufrir algunas transformaciones que repercuten también en diferentes conductas. Hoy os voy a hablar de por qué los seres humanos a veces nos enfrentamos entre nosotros. ¿Recordáis vuestra época del colegio? Era muy común que entre las clases de los niños de la misma edad existiese algún tipo de rivalidad, es decir, si había dos clases de cuarto de primaria, se solía competir inconscientemente entre ambas clases. ¿Por qué ocurre esto?

En 1954, uno de los fundadores de la psicología social, Muzafer Sherif, ideó un experimento junto a su esposa, Carolyn Sherif, para estudiar por qué se originan los prejuicios y las rivalidades entre los diferentes grupos sociales. Este experimento se desarrolló en un campamento de boys scouts en el Parque Estatal de Robber´s Cave, y participaron 22 niños varones de 11 años de edad a los que dividieron en 2 grupos desde un principio del experimento.

Nada más formarse los grupos, se empezaron a crear jerarquías sociales internas, es decir, el líder o líderes ocupaban su lugar y así se iban acomodando los demás componentes del grupo. Cada grupo se puso un nombre y los investigadores se camuflaron como monitores del campamento. Estos falsos monitores empezaron a manipular el ambiente de ambos grupos, creando fricciones y rivalidades entre ellos con competencias deportivas y gymkanas.

La hostilidad entre los grupos se hizo cada vez más creciente, e incluso la segunda fase del experimento tuvo que acabar antes de lo previsto por problemas de seguridad. En la tercera fase del experimento, Sherif introdujo tareas que requerían la cooperación de ambos grupos: desafíos que necesitaban resolver ambas partes, como un problema de escasez de agua o un camión atascado en el campamento. En cuanto la cooperación se hizo necesaria las hostilidades cesaron y los grupos se entrelazaron hasta tal punto que los niños insistieron en volver a casa en el mismo autobús.

Este experimento es muy revelador, puesto que nos indica que cuando sientes que eres parte activa de un grupo o de un sistema, actúas de forma colaboradora y con una actitud amistosa y positiva. Sin embargo, si sientes que rivalizas con alguien, aflora un sentimiento negativo de competición y hostilidad, a pesar de que no conozcas bien a esas personas y no tengas motivos para sentirte mal con ellos.
Esto nos demuestra que el ser humano es muy influenciable, y que deberíamos aprender desde niños que todos estamos conectados y que todos nosotros formamos parte de un mismo universo, y que si colaboramos unos con otros, el mundo sería mucho mejor y nos ahorraríamos muchas desgracias e infelicidad.

Pero no es así, pues ya desde pequeños aprendemos a sentirnos parte aislada de grupos cada vez más específicos, como un determinado grupo socioeconómico, o una raza determinada, hinchas de un equipo de fútbol, que sólo porque nos gusta ese equipo debemos odiar al rival. ¿No os parece que en realidad nos dejamos influenciar hasta extremos insospechados?

Es por ello que personas que se sienten parte integrante de un grupo ideológico son capaces de morir por las ideas que defiende ese grupo al que pertenecen, e incluso son capaces de matar a otras personas, que no conocen de nada, sólo porque les han hecho creer y han creído que deben odiar a esas personas y que esas personas no tienen nada que ver con ellos, que son culpables de los problemas o penurias de su pueblo o de su grupo.

Deberían enseñarnos desde pequeños en los colegios cómo funciona nuestra mente, el por qué nos comportamos de una u otra manera, así también sería muy positivo fomentar conductas más empáticas y conductas prosociales (es decir, ponernos en el lugar de los demás y cooperar más unos con otros). Desafortunadamente, en escuelas e institutos nos enseñan algunas materias que luego olvidamos y no necesitamos en nuestra vida en vez de esas que podrían mejorar notablemente nuestra existencia, pero en fin, este es el sistema en el que nos ha tocado vivir, aunque no tiro la toalla y aprovecho cualquier ocasión para animar a los adultos a fomentar una enseñanza más positiva y menos competitiva, y que utilicemos nuestro sentido crítico para valorar por nosotros mismos la realidad que nos rodea, sin dejarnos influenciar por lo que nos digan los demás.

Por ello, es muy importante que nuestros niños y jóvenes se eduquen y preparen para pensar por sí mismos, ya que a mayor madurez y conocimiento, menor capacidad de manipulación.

“Llegar juntos es el principio. Mantenerse juntos es el progreso. Trabajar juntos es el éxito”. Henry Ford-.