Si creías que el mercado financiero solo dependía de lo que decían los bancos centrales o de si una empresa vendía muchos teléfonos, prepárate. Resulta que el precio de tu café o de la gasolina puede depender de cosas tan locas como satélites espías o el ciclo del sol.
Aquí tienes tres razones por las que el mercado es mucho más “raro” de lo que te cuentan:
1. Espionaje con Satélites: Contando coches para hacerse rico
Hoy en día, los grandes inversores (los llamados Hedge Funds) no esperan a que las empresas publiquen sus resultados para saber si les va bien. Tienen sus propios “ojos en el cielo”.
Existen empresas que se dedican a analizar imágenes de satélite de los aparcamientos de grandes tiendas como Walmart o Costco. Si el satélite muestra que los parkings están más llenos de lo normal durante un mes, los inversores compran acciones de esa tienda antes de que nadie sepa que las ventas han subido.
Incluso vigilan las sombras de los depósitos de petróleo en los puertos para calcular cuánto combustible queda dentro. Si la sombra es corta, el depósito está vacío; si es larga, está lleno.
2. El Efecto “Superstición”: Por qué la Luna llena afecta a la bolsa
Esto suena a esoterismo, pero hay estudios matemáticos reales al respecto. Se le llama la Hipótesis del Ciclo Lunar.
Varios analistas han observado que, históricamente, los rendimientos de la bolsa tienden a ser más bajos durante los días de luna llena y más altos durante la luna nueva. No es que los inversores se conviertan en hombres lobo, sino que existe una teoría psicológica que dice que las fases lunares afectan sutilmente el sueño y el humor de las personas.
Como el mercado es, en esencia, un montón de humanos tomando decisiones, si esos humanos están más irritables o pesimistas por no dormir bien, tienden a vender.
3. El “Flash Crash”: Cuando las máquinas se pelean entre ellas
¿Sabías que hoy en día más del 80% de las operaciones en el mercado no las hacen humanos, sino algoritmos de alta velocidad? El problema es que, a veces, estos programas se vuelven “locos”.
En mayo de 2010 ocurrió el famoso Flash Crash. En cuestión de 36 minutos, la bolsa de Nueva York se desplomó casi 1.000 puntos y volvió a subir como si nada hubiera pasado. ¿Qué ocurrió? Un algoritmo empezó a vender masivamente, otros algoritmos lo detectaron y empezaron a vender también para “protegerse”, creando una reacción en cadena.
Durante unos segundos, acciones de empresas gigantes valieron un céntimo, y otras acciones subieron a precios absurdos. Fue una pelea de robots a la velocidad de la luz donde los humanos solo pudieron mirar la pantalla sin entender nada.

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