Hay temporadas que empiezan con un objetivo. Y hay otras que empiezan con una pregunta. Para Amivel Reyes Gutiérrez, la 2026/27 comienza con ambas cosas. Porque, … ¿puede un equipo que la pasada temporada se instaló entre los grandes mantener ese nivel y convertir lo extraordinario en algo habitual?
La respuesta empezará a escribirse este próximo 17 de octubre en la pista del Menarini Joventut, pero en realidad lleva semanas preparándose. Porque Amivel no parte de cero. Y eso, después de un curso en el que alcanzó la final de la Superliga, es probablemente una de las mejores noticias para el conjunto veleño, además de repetir final europea.
Jorge Borba continúa al frente de un proyecto como entrenador que ha demostrado tener argumentos para competir con cualquiera. El técnico extremeño ha participado en el pasado mundial femenino en Ottawa como miembro del staff técnico de Reino Unido y ya está centrado en el conjunto veleño. También permanecen hombres importantes como los mejicanos Esparza, Sandoval y los internacionales con España con raíces en el país azteca, Cristen Barba y Gabriela Michell Navarro, que además son pareja, esta última tras hacer historia con la selección femenina con el sexto puesto logrado en el mundial. También continúan en el equipo uno de los referentes de la liga como el británico Kyle Marsh, descansado este año de participar con su selección, el veterano polaco Marcin Balcerowski que se ha cruzado con su selección con España, ejerciendo de jugador-seleccionador, y que continúa en nuestra tierra pese a que su hijo salió de Unicaja, y Carlos “Cano” Martínez, jugadores que representan esa mezcla de experiencia, conocimiento del club y capacidad competitiva que necesita cualquier equipo que aspire a mantenerse en la élite. Y seguirá siendo de la partida nuestro jugador promesa, el joven malagueño Víctor Bueno.
Pero continuar no significa repetir. El mercado ha obligado a mover piezas. La marcha de Óscar Knight, máximo anotador del equipo la pasada campaña, dejaba un hueco importante. Y Amivel ha respondido con tres incorporaciones que permiten mirar al futuro con argumentos. Llega Julio Vilas desde el Econy Gran Canaria que aportará experiencia, conocimiento de la competición y ese carácter competitivo que no siempre aparece en las estadísticas, habiendo participado con la selección española junto a Cristen Barba del séptimo puesto logrado en Ottawa este pasado mes de septiembre. Se incorpora otro de los mundialistas, en este caso el colombiano Juan Pablo Escobar que llega desde el Mideba Extremadura con juventud, capacidad anotadora y experiencia internacional. Y se suma también desde el baloncesto universitario americano la internacional francesa Loeiza Vari Le Roux que, tras participar también en el mundial femenino, incorporará talento exterior, versatilidad y una trayectoria internacional que puede ofrecer nuevas alternativas a Borba al ser una jugadora de clase 1.0. Tres nombres nuevos para un equipo que conserva buena parte de su identidad.
Y eso será precisamente una de las claves. La Superliga cambia esta temporada su formato y reduce el margen de error. Amivel estará encuadrado en un Grupo A con auténticos pesos pesados como Ilunion, Amiab Albacete, Bidaideak Bilbao, Mideba Extremadura o Econy Gran Canaria. En una primera fase en la que solo habrá un enfrentamiento contra cada rival, cada partido adquiere un valor especial. Aquí ya no vale vivir de lo conseguido. El subcampeonato de la temporada pasada es historia. Una historia magnífica, por supuesto, pero historia, al fin y al cabo. Los rivales conocen ahora mucho mejor a Amivel, saben de lo que es capaz y afrontarán los partidos contra el conjunto veleño con una consideración diferente. Y ese cambio de consideración también forma parte del crecimiento de un club.

Pero hay algo que trasciende incluso a los resultados. Vélez-Málaga tiene la suerte de contar con un equipo que está entre los mejores de España. Un equipo que la pasada temporada fue subcampeón de Liga y que vuelve a afrontar una campaña con presencia en Europa. No estamos hablando únicamente de un conjunto deportivo que compite cada fin de semana. Estamos hablando de un club que lleva el nombre de Vélez-Málaga por pabellones españoles y europeos y que representa a nuestra ciudad en una competición de máximo nivel. A la hora de tener esta publicación en las manos, habrá disputado en Cuenca los días 9 y 10 de octubre la Supercopa de España al estar entre los cuatro mejores clubes de España junto a los todopoderosos Amiab Albacete, Bidaideak Bilbao e Ilunion de Madrid, campeón de liga. Eso también merece ser valorado. Porque muchas veces nos acostumbramos demasiado pronto a aquello que hace unos años nos parecía extraordinario. Ver a Amivel competir con los grandes, disputar una final de Liga o preparar una competición europea puede terminar formando parte de la rutina deportiva. Pero no debería dejar de sorprendernos lo que hay detrás: trabajo, esfuerzo, organización, jugadores de primer nivel y un proyecto que ha conseguido situar a Vélez-Málaga en el mapa del baloncesto en silla de ruedas desde hace bastante tiempo.
Y ahí está quizá el verdadero reto de esta temporada. No solamente competir. No solamente ganar partidos. También conseguir que la ciudad sea consciente del privilegio que supone tener tan cerca un deporte de élite, con jugadores internacionales y con capacidad para representar a Vélez-Málaga más allá de nuestras fronteras. Es una pena ver las gradas con la misma gente de siempre. Amivel merece el respaldo continuo de una ciudad en un deporte que cuando lo ves, engancha. Porque Amivel no es únicamente un equipo de baloncesto en silla de ruedas. Es también una ventana desde la que Vélez-Málaga se asoma al deporte nacional e internacional.
Así se lo ha reconocido en su gala anual a finales de septiembre la Delegación en Málaga de la Federación Andaluza de baloncesto, concediendo al club el galardón «Javier Imbroda», que pone en valor el trabajo que Amivel BSR viene realizando durante años, no solo en el ámbito estrictamente deportivo, sino también en su compromiso con la inclusión a través del baloncesto. Como allí se dejó constancia, jugadores, cuerpo técnico, directiva, profesionales, colaboradores y aficionados forman parte de un proyecto que ha conseguido llevar el nombre de Vélez-Málaga y la Axarquía a las principales competiciones del baloncesto en silla de ruedas, convirtiendo al club en uno de los referentes del deporte adaptado. El encargado de entregar el premio fue el propio alcalde de Vélez-Málaga, Jesús Lupiáñez, en un momento especialmente significativo para el baloncesto local. Recibieron la distinción la presidenta del club y de la Asociación, Cristina Quintero, y el director deportivo y alma máter de Amivel, Paco Aguilar, que representaron a una entidad que lleva más de 45 años vinculando el deporte de competición con la inclusión y la igualdad de oportunidades. Al acto también asistió el concejal de Deportes del Ayuntamiento de Vélez-Málaga, Manuel Gutiérrez, acompañando a la representación del club en esta gala del baloncesto malagueño.
Y si la temporada pasada fue histórica, la que ahora comienza debe servir para seguir construyendo. El balón volverá a ponerse en movimiento y con él comenzarán las respuestas. Llegarán las victorias, las derrotas, los buenos momentos y también las dificultades. Así es el deporte. Pero nadie puede discutir que Vélez-Málaga tiene un equipo subcampeón de la liga española, con presencia europea y con jugadores capaces de competir al máximo nivel. Y eso, independientemente de lo que diga la clasificación al final de la temporada, es algo de lo que la ciudad puede sentirse orgullosa.
Ahora toca disfrutarlo, acompañarlo y, sobre todo, no darlo por sentado. Porque conseguir llegar arriba es difícil. Pero conseguir que una ciudad entienda que tiene a uno de los grandes equipos de España en casa quizá sea el siguiente gran reto. Vamos Amivel.

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