
La psicología nos ha aportado a través de todas sus décadas de estudios e investigaciones, un profundo conocimiento de cómo funciona el ser humano. Básicamente, las personas poseemos un sistema de creencias personal y específico en cada uno de nosotros. En base a ese sistema de creencias o de ideas, generamos una serie de pensamientos, que pueden ser automáticos (por la rapidez en la que se presentan) o más elaborados. Estos pensamientos, a su vez, generan una respuesta somática en nosotros. Es decir, si voy cruzando por un paso de cebra y de pronto pienso que el coche que se acerca viene demasiado rápido, se producirá un aumento de mi ritmo cardíaco y pasaré a estar en modo de alerta ante un posible peligro. El reconocer que ese tipo de situaciones son peligrosas, junto a mi pensamiento, genera una conducta tal, como acelerar el paso o por el contrario pararme para no ser atropellado por el coche.








