
No es fácil llegar a una final europea. Pero lo verdaderamente extraordinario es repetirla. Y eso es exactamente lo que ha vuelto a hacer el Amivel Reyes Gutiérrez. En un deporte donde cada detalle cuenta, donde el margen entre la gloria y la derrota es mínimo, plantarse dos años consecutivos en la pelea por un título continental no es casualidad. Es la confirmación de un proyecto sólido, ambicioso y, sobre todo, profundamente humano.








